Pabellón de Chile Expo Milano 2015, Milán
Undurraga Devés arquitectos 

Pabellón de Chile Expo Milano 2015, Milán

Undurraga Devés arquitectos 


Tal vez no existe otro espacio donde la sociedad del espectáculo se exprese con mayor vehemencia que en las Ferias Universales. Ajeno a ese espíritu, el estudio propuso, en medio de la saturación de efectos visuales, una síntesis sobria y contenida que permitió encarnar de manera honesta la esencia del país y, al mismo tiempo, lo que sus autores buscaban como arquitectos.

Desde el principio, y por responsabilidad medioambiental, estuvo claro que el pabellón debía ser desarmable y transportable a un nuevo emplazamiento, extendiendo así su vida útil más allá de los seis meses que duraba la Expo. Se escogió la madera laminada como material para construir y caracterizar el Pabellón. Además de su evidente valor sensorial y tectónico, dicho material apela a un recurso renovable y valioso en la cadena medioambiental de nacimiento y perecibilidad. Por otra parte, la madera laminada, al ser un material industrializado, ofrecía una calidad homogénea y un adecuado control técnico, junto a la posibilidad de construir un mecano que se pudiera desarmar y reconstruir en otro lugar.

La idea de que, una vez terminada la Expo de Milán, la estructura del pabellón fuera transportada a su país de origen determinó la medida de sus piezas, que debían considerar las dimensiones de un contenedor de 12 metros de largo.

El pabellón chileno se plantea como un esqueleto reticulado que envuelve una caja de madera en cuyo interior se desarrollan distintas actividades relacionadas con la exposición. Esta caja se apoya, a modo de puente, sobre seis trípodes invertidos de acero. De esta manera se libera el suelo, disminuyendo el impacto sobre el terreno e incorporando el ajetreo urbano al interior de un horizonte templado, propio de la arquitectura mediterránea que se arraigó en Chile central a partir de la influencia de España en América.

La verosimilitud de la estructura diagonalizada, a la que se confía el carácter específico del edificio, permite reunir en una síntesis la forma física y la forma estructural. Desde la distancia, el pabellón aparece como una totalidad —escala monumental—, mientras que en la inmediatez se hace evidente lo fragmentario, el despiece articulado que nos relaciona con el cuerpo —escala humana—.

La racionalidad de la caja impone un interior flexible que favorece nuevos usos. En el año 2016 el pabellón se construye nuevamente en el sur de Chile, esta vez en la ciudad de Temuco. El nuevo contexto urbano y la presencia inmediata del cerro Ñielol, lugar sagrado para los pueblos originarios, dieron lugar a una nueva lectura del edificio.


2013-2015, Milán, Italia

Cliente Client 

Gobierno de Chile

Arquitecto Architect 

Cristián Undurraga

Director ejecutivo Executive Director 

Sebastián Mallea

Colaboradores Collaborators 

Taller Undurraga Devés, Soledad Fernández, Laura Signorelli

Consultores Consultants 

F&M Ingegneria (estructura structure), P.A. Architettura: Hugo Sillano, Federica Pugliese, Marta Garlati (arquitectos residentes intern architects)

Contratista Contractor 

Sarappalti, Albertani SpA

Fotos Photos 

Roland Halbe

2016-2017, Temuco (Chile)

Cliente Client 

Ministerio de Bienes Nacionales de Chile

Arquitecto Architect 

Cristián Undurraga

Directora ejecutiva Executive Director 

Federica Pugliese

Colaboradores Collaborators 

Taller Undurraga Devés, Sebastián Mallea, Soledad Fernández

Consultores Consultants 

Sirve (estructura structure)

Contratista Contractor 

Constructora San Ignacio, ASAP

Fotos Photos 

Roland Halbe, Carlos Massmann