Auditorio de Música, Barcelona
Rafael Moneo 

Auditorio de Música, Barcelona

Rafael Moneo 


En un área marginal surgida allí donde el Ensanche barcelonés empieza a difuminarse, un solar generoso de dimensiones e impreciso de formas reducía un posible diálogo con el lugar a un escueto soliloquio. Sobre la parcela surgida de la fusión de dos manzanas —una operación frecuente sobre la cuadrícula de Cerdá para ubicar edificios públicos y que cuenta con los precedentes de la Universidad Literaria, el Hospital Clínico y la Cárcel Modelo— un prisma severo conquista este ámbito fronterizo con la voluntad de devolver al espacio urbano la orientación precisa. La forzosa autonomía del auditorio se pone de manifiesto a través de una arquitectura contenida y compacta que se hace permeable allí donde sus flancos de mayor longitud se enfrentan al eje de Ausiàs Marc.

Con una arquitectura rigurosa capaz de revalorizar un ámbito urbano degradado, el auditorio ocupa dos manzanas del Ensanche, una operación frecuente en Barcelona para ubicar edificios públicos.

El edificio gravita así sobre un centro vacío, una plaza entre sus dos salas que, coronada con una gran linterna de vidrio, alberga la parte de acto social que toda actuación musical tiene. El complejo programa incluye además de los dos auditorios —de 2340 y 610 espectadores respectivamente—, espacios de ensayo, un museo de la música, una biblioteca, el centro de altos estudios musicales, estudios de grabación, restaurantes, talleres y almacenes. La sala sinfónica, de planta rectangular, sigue las proporciones canónicas impuestas por la acústica, pero propone visiones oblicuas mediante las alineaciones de butacas, al entender que la apreciación musical poco tiene que ver con la frontalidad del espacio teatral. Aunque en las primeras versiones del proyecto ambos auditorios compartían un vestíbulo común articulado en torno al atrio central, las necesidades impuestas por el funcionamiento de los escenarios llevaron a invertir este esquema. La dualidad del acceso se torna continuidad en las plantas superiores, permitiendo que los camerinos sean utilizados indistintamente por cada sala.

Las salas siguen las proporciones canónicas dictadas por la acústica y aparecen separadas por un patio presidido por una linterna de vidrio translúcido, sobre la que se serigrafiaron dibujos de Pablo Palazuelo.

Dibujos de la linterna

La retícula de hormigón que caracteriza la imagen externa del edificio se manifiesta al interior en los pasillos y vestíbulos, pero aquí plementada con los mismos paneles de madera de arce que revisten ambos auditorios.

Las salas ofrecen al interior vistas oblicuas del escenario mediante alineaciones quebradas de butacas, pues la apreciación musical no requiere la frontalidad propia del espacio teatral.

La presencia serena del edificio se confía a una retícula de hormigón plementada al exterior con acero inoxidable de color pardo. Sin dejar adivinar las funciones que encierra, la envolvente altera su ritmo sordo mediante los encintados de las ventanas, instalados como notas de una gran partitura sobre el interlineado general. Como el forro del estuche de un instrumento musical, los paneles de arce suavizan un interior configurado por el rigor reticular, del que sólo escapan los dibujos de Pablo Palazuelo sobre la gran linterna. Definido este auditorio silencioso, sólo cabe esperar que las reformas emprendidas en sus aledaños transformen en conversación coral con la ciudad el monólogo inicial.


Cliente Client
Consorcio del Auditorio

Arquitectos Architects
Rafael Moneo

Colaboradores Collaborators
María Fraile, M. Bertet, M. Molina, M. Company, F. de Wachter, M. Bischoff, A. Peissard, L. Marcial

Consultores Consultants
M. Moneo, J. Jiménez (estructura structure); J. G. (instalaciones mechanical engineering); H. Arnau (acústica acoustics)

Contratista Contractor
Fomento de Construcciones y Contratas 

Fotos Photos
Duccio Malagamba