Fundación Pilar y Joan Miró, Palma de Mallorca
Rafael Moneo 

Fundación Pilar y Joan Miró, Palma de Mallorca

Rafael Moneo 


Con la construcción de la Fundación Pilar y Joan Miró en el término de Son Abrines, en Palma de Mallorca, se pretende cumplir con la voluntad ma­nifiesta del pintor, y refrendada por su viuda, Pilar Juncosa, de crear en la ciudad donde vivieron un centro en el que pudieran trabajar estudiosos y artistas, además de una galería de arte que propor­cionara la adecuada conservación a los fondos do­nados por el pintor y su mujer.

Un análisis de Son Abrines llevó a considerar que el área situada entre el camino de acceso al estudio del pintor —construido por Josep Lluís Sert— y la carretera que se encuentra en el nivel más bajo de la finca era la más apta para emplazar en ella el nuevo edificio. La suave pendiente de bancales de almendros permitirá que la nueva construcción no sobresalga en exceso, al quedar su volumen en las cotas más bajas.

Un análisis de Son Abrines llevó a considerar que el área situada entre el camino de acceso al estudio del pintor —construido por Josep Lluís Sert— y la carretera que se encuentra en el nivel más bajo de la finca era la más apta para emplazar en ella el nuevo edificio. La suave pendiente de bancales de almendros permitirá que la nueva construcción no sobresalga en exceso, al quedar su volumen en las cotas más bajas.

El programa de la Fundación —centro de estu­dios y galería— se manifiesta en la imagen del edificio, que está compuesto por un elemento lineal —en el que se emplazan los servicios del centro de estudios— y por un volumen estrellado especial­mente concebido para contener la colección de pinturas. El elemento lineal corre paralelo al camino que lleva al estudio del pintor. Se trata de un escueto muro blanco —al igual que la construcción de Sert— que centra nuestra visión en el hermoso paisaje con el mar como fondo, al tiempo que libra a la casa de Miró y al estudio de la construcción indiscriminada que hoy se alza enfrente.

El muro, por otra parte, anima a iniciar el camino que lleva hasta el estudio, y el visitante que lo recorra se encontrará con la sorpresa de que ante él se abre una dilatada y hermosa plazuela, desde donde puede aventurarse a explorar el jardín, al que se le dio una importancia primordial en el proyecto y que servirá para aislar la Fundación del entorno.

En efecto, la frescura que, en sentido figurado, se pretende que tenga el interior, deberá mantenerse, en la más literal de las inteipretaciones en el exte­rior. El agua será un elemento esencial del jardín, en el que las plantas tradicionales de la isla cerrarán filas para conseguir un espacio verde, denso, espe­so, que haga desaparecer el medio circundante y que permita aparecer, sin embargo, las figuras de Miró, como si de sus habitantes se tratara. Por otro lado, el jardín —que será un espacio animado por la instalación de la cafetería-restaurante— permitirá multiplicar los accesos.

La entrada a la Fundación se encuentra empare­jada a un dilatado porche que corre a la largo del brazo longitudinal del edificio. Traspasado el um-bral, el visitante encontrará la conserjería y una escalera. Tras la conserjería se desarrolla el progra­ma de servicios administrativos: una pequeña ofici­na, el despacho del director y una sala de juntas que domina, desde una cota más alta, la biblioteca. Desde la oficina se accede por una escalera privada al servicio de informática.

En torno al generoso espacio que aparece en el desembarco de la escalera principal se sitúan la tienda-librería, la sala de exposiciones temporales y la galería propiamente dicha. En la planta baja —que se encuentra a nivel del jardín— se desarro­llan todas aquellas actividades propias de la Fundación. Y así, en la construcción longitudinal nos encontraremos con la biblioteca, la sala de conferencias, los servicios de informática y los aseos. La biblioteca es un amplio espacio con dos alturas, en el que una suave luz cenital completará la ilumina­ción directa que proporcionan las ventanas. La sala de conferencias, desarrollada sobre un plano incli­nado, admitirá un centenar de espectadores. El edi­ficio dispone también de un sótano con un acceso independiente, en el que han quedado emplazados los almacenes, los laboratorios y las instalaciones.

La galería pretende acercarse al contenido de la obra de Miró —una obra que siempre ha celebrado la libertad y la vida— presentándose como un espa­cio indefinible y quebrado, capaz de crear una atmósfera especial acorde con el espíritu de la pintura. Atención especial se ha prestado a la iluminación, que procede de los intersticios entre los muros, amplios unas veces, más angostos otras, pero siem­pre susceptibles de transformarse en fuentes de iluminación natural directa. El visitante domina el espacio desde la cota alta, en la que se encuentra al entrar, y va descendiendo a tres niveles diversos, que se relacionan entre sí definiendo un todo.

El proyecto, por tanto, propone un edificio ajus­tado a las circunstancias que se dan en Son Abrines y que provienen tanto del singular programa como de su peculiar condición urbanística. A nuestro entender, debe establecer una continua dialéctica con los elementos ya existentes —estudio, casa, topo­grafía— y, de un modo especial, con lo que habrá de ser fundamental a medio plazo: el jardín...[+]


Cliente Client

Fundación Pilar y Joan Miró Pilar & Joan Miró Foundation.

Colaboradores Collaborators

Luis Moreno Mansilla, Luis Rojo, Emilio Tuñón; Rafael Balaguer y Antonio Esteva, dirección de obra site supervision.

Maquetistas Modelmakers

Juan de Dios Hernández y Jesús Rey.

Consultores Consultants

Mariano Moneo (estructura structural); Gustavo Álvarez (instalaciones mechanical and electrical); J&G Asociados (asesoría técnica technical).

Contratista Contractor

Agromán.

Fotos Photographer

Eduardo Belzunce.