Utopía y facsímil. Entre Babel y Disney

31/12/2003


Las más radicales utopías de la segunda mitad del siglo XX han terminado convergiendo con la ciudad temática. Ante el mundo colonizado por la razón técnica y el ocio de masas, la demanda popular de entretenimiento y fantasía ha cristalizado en facsímiles o réplicas infantilizadas de las arquitecturas históricas y míticas como espacio privilegiado del tiempo libre, y no es en efecto una ciudad muy distinta la propuesta por las utopías libertarias o hedonistas que hacen del homo ludens su destinatario principal. En la tradición de las escenografías juguetonas de las vanguardias rusas, la Nueva Babilonia de los situacionistas coreografiaba sus derivas azarosas con megaestructuras caóticas y laberintos de escaleras con sabor inequívoco a carpintería teatral; de forma parecida, pero inspirándose más bien en la ciencia ficción de los cómics y las películas, la Walking City o la Instant City de Archigram dibujaban entornos cambiantes semejantes a circos tecnológicos o escenarios de conciertos para acoger a multitudes de jóvenes en permanente vacación. Al final, toda esa espontaneidad existencialista o pop acaba desembocando en la arquitectura de consumo del ocio temático; tanto Constant y los demás seguidores de Debord en su rechazo crítico de la sociedad del espectáculo, como Herron, Cook y los restantes británicos del grupo Archigram en su celebración inocente de la publicidad y el comercio finalizan por coincidir en la atribución del papel central en sus respectivas utopías al sujeto autónomo y deseante de la modernidad individualista y liberal. A ese consumidor transustanciado en ciudadano libre se destinan los grandes paraísos artificiales de la sociedad opulenta: el simulacro de la cultura, el simulacro de la naturaleza y aun el simulacro de la infancia...[+]


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