Campo de estrellas

31/12/1999


Este año no puede resumirse con alegría; pero debe cerrarse con esperanza. En la catástrofe habitual de horror y desorden, el optimismo de la voluntad encuentra constelaciones de pájaros y cometas. Aunque el fin del año propicie un escenario de ruido y furia, el centenario de Joan Miró tiñe 1993 con una sombra pálida y lírica, que redime la tiniebla violenta del año acostumbrado.

Podríamos escribir que este año circular y cruel se inicia con los ecos de una suspensión de pagos y se termina con las voces de otra. Si así fuese, sus imágenes arquitectónicas serían las torres inacabadas de KIO —vendidas finalmente en subasta a los acreedores del grupo inversor kuwaití— y la nunca construida esfera armilar de PSV —cuya primera y única piedra costó 1.700 millones a la promotora de viviendas del sindicato UGT—, dos monumentos estériles a la codicia y a la megalomanía. Pésimas arquitecturas e ingenierías triviales, las torres inclinadas de la plaza de Castilla y el globo pinchado del polígono de Valdebernardo simbolizan, en la capital del país, el fracaso del norte financiero y el sur cooperativo que formaban las dos almas del proyecto modernizador socialista; un proyecto lesionado por la crisis y los escándalos, y que el carisma de Felipe González salvó por la campana en las elecciones de junio...[+]


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