El cielo protector

Tras un concurso de ampliación, el Reina Sofía de Madrid será museo en el actual edificio y centro de arte en el que se construya.

30/04/2000


Jea nouvel ampliará el Reina Sofía con un ala de cobre. Bajo un plano ingrávido y perforado, delgado y frío como un cuchillo, el arquitecto francés ha dispuesto tres volúmenes que definen el perímetro triangular del solar, dejando entre ellos una plaza cubierta por el dosel metálico: ese nuevo patio arbolado y pétreo, en el que se conservan restos de los edificios que han de ser demolidos y parte de la vegetación existente, es el núcleo cordial de la ampliación del viejo hospital de Sabatini. A través del patio cubierto se entra al nuevo edificio de exposiciones temporales, conectado con el actual museo y sus muelles de carga; y se llega también al prisma transparente de la biblioteca y al volumen ovoide del auditorio, que tienen accesos independientes desde la calle para poder usarse al margen del horario de apertura expositivo. Estas tres piezas de acero, granito y vidrio, construidas con la paleta lacónica del negro, el gris y los reflejos, se coronan con un palio rojizo y reflectante que parece flotar sobre ellas, y que desde la cornisa inferior del hos-pital extiende su protección hasta la arista aérea del voladizo sobre la acera.

Con sensibilidad urbana y deferencia monumental, el proyecto ganador de Jean Nouvel ordena tres volúmenes en torno a la plaza cubierta que dará acceso a la biblioteca, al auditorio y a las salas de exposiciones temporales.

Utilizando sabiamente ideas de proyectos ante-riores, desde el carenado futurista del palacio de congresos de Tours a la marquesina inmaterial del recientemente terminado centro cultural de Lucerna, Nouvel se enfrenta a la incómoda parcela con sensibilidad urbana y deferencia monumental. Al fragmentar en tres edificios el programa de la ampliación, y al colocarlos casi exactamente sobre las huellas de otros tantos pabellones demolidos, el arquitecto se deja llevar con naturalidad por la lógica geométrica y el grano dimensional de la ciudad, insertando sin violencia en el barrio una arquitectura de gran elegancia técnica y extraordinario refinamiento escenográfico; y al situar el conjunto bajo el ala de cobre que prolonga el remate original de Sabatini, se subordina con cortesía al edificio histórico, cuyas sólidas fábricas se valoran por contraste con la levedad translúcida de los muros y la delgadez suspensa de la visera, y cuya fachada genuina se rescata desde el patio, al seccionar simbólicamente con el filo del dosel la torpe planta añadida al hospital el siglo pasado.

En la fase final del concurso, el patio de Nouvel se comparó con otros dos proyectos que represen-tan caminos alternativos para abordar la ampliación: el bloque en altura y el edificio compacto. El también francés Dominique Perrault, distinguido con el segundo premio, proponía añdir un gran prisma—algo así como un centro Pompidou sin tubos—que se levantaba considerablemente por encima de las cubiertas del actual museo, y que cedía a la ciudad la mayor parte del solar en forma de una plaza pública triangular; coronado por un restaurante mirador, el bloque se revestía con un faldón inclinado de malla metálica dorada que cubría toda la fachada, sirviendo a la vez de protección solar y de gesto de acogida hacia los visitantes. El santanderino afincado en Madrid Juan Navarro Baldeweg, que obtuvo el tercer premio del concurso, prefirió proyectar un edificio muy compacto y de intrincada geometría, que se unía por un extremo al viejo hospital de Sabatini, dejando entre ambas construcciones un espacio en forma de cuña que hacía las veces de umbral urbano; apoyado en un gran trípode estructural, el volumen facetado se iluminaba cenitalmente con lucernarios que rayaban la mayor parte de la superficie de cubierta.

Clasificado en segundo lugar, Dominique Perrault propone un prisma en altura para liberar una plaza pública, mientras el tercer premiado, Juan Navarro Baldeweg, opta por un cuerpo compacto de intrincada geometría .

Los restantes nueve proyectos cubrían un amplio abanico de soluciones, aunque muchas de ellas podrían entenderse como variantes de las opciones básicas destacadas con los premios; éste es el caso de los tres accésit concedidos a los sevillanos Cruz y Ortiz, los madrileños Moreno Mansilla y Tuñón, y el también sevillano Vázquez Consuegra, que exploran las mismas alternativas que los tres premios: el patio, el bloque y la pieza compacta.Antonio Cruz y Antonio Ortiz proponían, como el ganador, un patio en torno al cual se desarrollasen las actividades del centro, y que también permitiese conservar algunos de los árboles de gran porte existentes en el solar; pero, exacerbando el contraste con la grave regularidad del hospital, su patio no se delimitaba con varios edificios, sino con una cinta serpenteante y surreoide en torno a un vacío arriñonado, que se elevaba en un extremo para presentar a la glorieta de Atocha un frente publicitario. Luis Moreno Mansilla y Emilio Tuñón proyectaban, como el segundo premio, un bloque de gran altura, en continuidad con una cierta tradición madrileña de prismas en los bordes de la Castellana; pero en su caso el delgado bloque se levantaba sobre un podio destinado al auditorio y a las exposiciones, y aprovechaba la amplitud de su fachada para transformar ésta en una celosía-anuncio. Guillermo Vázquez Consuegra, por último, coincidía con el tercer premio en proponer una pieza escultórica y compacta; pero la suya tenía como rasgo más significativo una gran plaza cubierta por el cuerpo volado de la zona de exposiciones, a la que se llegaba a través de una escalinata en cuña, y que se conectaba con el patio central del edificio de Sabatini mediante un paso secamente recortado en sus fábricas. Tres accésit, por lo que se ve, más tipológicos que accidentales.

Antonio Cruz y Antonio Ortiz

Al igual que los proyectos premiados, los tres distinguidos con accésit (Cruz y Ortiz, Moreno Mansilla y Tuñón, y Vázquez Consuegra) utilizan respectivamente el patio, el prisma y la pieza compacta.

Guillermo Vázquez Consuegra

Por lo demás, el madrileño Manuel de las Casas proyectó un colosal cubo de más de 60 metros de lado que llevaba al paroxismo la búsqueda de la compacidad, apenas aliviada por su coronación translúcida; el británico David Chipperfield propuso unos desconcertantes patios engarzados que sugerían una difícil continuidad compositiva con el hospital de Sabatini; el japonés Tadao Ando dibujó unas escuetas piezas prismáticas que colonizaban el solar con trivial esquematismo, y que se engarzaban al edificio existente de la forma más lesiva para el uso actual; el valenciano Santiago Calatrava formuló una propuesta más comercial e inmobiliaria que propiamente cultural, con una versión de su galería de Toronto separando el hospital de un formidable volumen que agotaba la totalidad de la parcela; los barceloneses Enric Miralles y Benedetta Tagliabue construían una espectacular torre de planta cruciforme y modelado escultórico, erguida juguetonamente sobre un paisaje transitable de cubiertas alabeadas sobre grandes salas semisubterráneas; y la iraquí afincada en Londres Zaha Hadid traducía las bandas sinuosasde su proyectode Roma al solar madrileño, conformando una madeja espacial similar a un nudo de autopistas fláccidas.

Con algunas excepciones, los doce participantes—que representan adecuadamente la élite de la arquitectura española y del mundo— han dado lo mejor de sí mismos, y la victoria de Nouvel tiene el mérito añadido de la calidad de los competidores y lo disputado de este concurso musculoso. Pero si el torneo ha sido reñido, el resultado ha hecho justicia al juego. La inteligente colocación en el terreno y la minuciosa lectura del compromiso (que debe no poco al jefe de proyecto, el arquitecto español Alberto Medem) hacen sobradamente merecido el triunfo del equipo francés. Pragmático y lírico, el proyecto es una propuesta verosímil que debería llegar a puerto sin vicisitudes reseñables; si la navegación es favorable, Madrid inaugurará, en el otoño de 2003, un patio de penumbras listadas y cobrizas bajo el cielo protector de una hoja intangible.