Bodegas Chivite, Señorío de Arínzano, Navarra
Rafael Moneo 

Bodegas Chivite, Señorío de Arínzano, Navarra

Rafael Moneo 


A finales de los años ochenta, la familia Chivite compró la finca conocida como Señorío de Arínzano, situada en el término municipal de Aberín, merindad de Estella. El Señorío se extiende en torno a los meandros que en aquellos parajes describe el río Ega, si bien pronto las tierras de aluvión se convierten en laderas diversamente orientadas que se ondulan ligeramente o se encrespan formando cortes y escarpaduras desde los que se contemplan imágenes características del paisaje de la Navarra media, presididas siempre en estas latitudes por el azulado y bien definido perfil del Montejurra. Las encinas y el roble son las especies características en las áreas todavía boscosas; y en las orillas del río aparecen chopos y fresnos, juncos y zarzas. El monte bajo proporciona sabrosos pastos al ganado, en tanto que las parcelas planas sobre los meandros han sido tierras de cultivo al menos desde el siglo XVI, cuando ya consta que estas orillas del Ega estaban roturadas y eran propiedad de Mosén Lope de Eulate. Un camino que parte de la carretera Estella-Tafalla lleva hasta el Señorío, una propiedad de unas 300 hectáreas siempre cultivada con atención y esmero, a la que el pasado ha legado algunas construcciones de singular interés, hoy enmascaradas por intervenciones diversas que, si bien difuminan su presencia, no llegan a ocultarla.

Una obligada relación de las mismas llevaría a mencionar en primer lugar la que el Catálogo Monumental de Navarra identifica como Palacio de Cabo de Armería, coronado por estatuas labradas de piedra, siendo la torre, un bloque prismático de sillería de 10 x 7 metros, el elemento más destacado. En torno a la misma se hicieron toda una serie de añadidos que dieron lugar a un patio al que se accede por una puerta de medio punto en la que se inserta un escudo. A partir de ese patio, invadido en su día por una vegetación anárquica, se han recuperado aquellos fragmentos con valor del palacio que están todavía en pie, entre los que sin duda la torre es el de mayor interés.

No lejos de la citada torre pero con completa independencia, se alza una pequeña capilla dedicada a san Martín, lo que hace suponer que estas tierras estaban ya ocupadas en la Alta Edad Media; la actual iglesia es una construcción de nueva planta, de corte neoclásico, construida a principios del siglo XIX y que el citado catálogo de monumentos navarros relaciona con las obras de Ugartemendía y Silvestre Pérez. En buen estado, la iglesia de san Martín es la obra arquitectónica que en términos de conservación y presencia tiene un mayor relieve. Por último y dando lugar a una trinidad de construcciones que el proyecto relaciona entre sí, hay que mencionar la casona del siglo XVIII que sin duda ocuparon los propietarios al abandonar las dependencias del palacio. Inscrita en un rectángulo de 18 x 18 metros, esta casona había sufrido diversas alteraciones y ha sido precisa una intervención enérgica para que volviera a convertirse en una pieza vividera digna de tan singular conjunto.

Topografía de cepas

Tras la descripción de los edificios debe mencionarse el trabajo llevado a cabo en el Señorío para transformarlo en explotación vitivinícola. Bajo la dirección de Julián Chivite, padre de Julián, Fernando, Carlos y Mercedes Chi-vite, quienes hoy se ocupan de la gestión, se hicieron profundas labores de roturación y mejora de los suelos —sin cambios notables en la topografía— que permitieron la plantación de viñedos. Con exquisito cuidado se eligieron —valorando debidamente las características del terreno y las condiciones de orientación— las variedades a plantar en los diversos términos. El resultado es una finca que tiene 200 hectáreas de viñedos con algunas variedades locales como el tempranillo, y otras foráneas pero de gran interés para producir caldos equilibrados como el cabernet-sauvignon, el merlot y el chardonnay. Hoy el Señorío de Arínzano ha transformado su imagen: las laderas y planas, los meandros y carasoles dibujan la variedad de su topografía con la ayuda de las bien alineadas cepas. El escrúpulo con que se cultiva es evidente, y el cambio que se ha operado en el paisaje no ha supuesto alteración alguna de las masas boscosas, produciéndose así una continuidad entre paisaje natural y tierras cultivadas que hace de éste un lugar privilegiado. En tal paisaje se ha materializado la bodega que culmina el ciclo productivo: pocos vinos pueden con tanta razón de ser reclamar su marca de origen.

La nueva construcción consta de un patio de recepción de uva cerrado y con distintas dependencias a su alrededor; de un conjunto cuadrangular de cinco naves en la que se lleva a cabo el prensado de la uva y su elaboración; de un pabellón en el que se disponen los tinos en los que trabajar con los crudos (coupages y mezclas); de una nave ligeramente enterrada en la que se alojan las barricas para la crianza; y finalmente de un edificio exento, con acceso a dos niveles, en el que se instalan la planta de embotellado, las oficinas, las salas de cata, el almacén y las actividades comerciales.

Resonancias materiales

Tales construcciones se proyectan con muros de hormigón, abujardado y labrado que, en poco tiempo y con la ayuda de la humedad ambiente, adquirirán una pátina cercana a la de la piedra. Algunos edificios del arquitecto navarro Víctor Eusa podrían ser buen ejemplo del tratamiento del material que aquí se propone. La estructura resistente de las cubiertas es de madera y su acabado exterior de cobre; y en las carpinterías también se ha utilizado madera. Con el fondo proporcionado por estos materiales, los elementos industriales que la elaboración del vino requiere establecen un positivo diálogo, y también las barricas para la crianza encuentran su marco adecuado en una nave donde la cubierta subraya la presencia del material con el que se construye, la madera.

Habría que dejar constancia finalmente de la voluntad, compartida por cliente y arquitecto, de aprovechar las magníficas condiciones que tiene el Señorío de Arinzano para la producción de vinos; ha sido el deseo de ambos que tanto la conservación de las edificaciones existentes como el futuro aprovechamiento de las fértiles tierras quede plenamente garantizado con la construcción de la bodega...[+]


Obra
Bodegas Julián Chivite, Arínzano, Navarra. 

Cliente
Bodegas Julián Chivite. 

Arquitecto
Rafael Moneo. 

Colaboradores
Michael Bischoff, Collette Creppel, Belén Hermida (anteproyecto); Francisco González Peiró, Mariano Molina, Eduardo Miralles, Julio Oloriz, Pedro Elcuaz; Joaquín Aliaga (aparejador). 

Contratista
ACR. 

Fotos
Duccio Malagamba.