Viviendas en Cantillana (Sevilla) y Málaga
Rubiño García Márquez Arquitectos 

Viviendas en Cantillana (Sevilla) y Málaga

Rubiño García Márquez Arquitectos 


El Guadalquivir discurre por las estribaciones del lado sur de Sierra Morena. A lo largo de su cauce se suceden las poblaciones ribereñas donde se situaban los antiguos vados de la corriente. Cantillana es uno de los más tradicionales. A 35 kilómetros de Sevilla, este pueblo precede al rosario de poblados de colonización que, con el Esquivel de Alejandro de la Sota a la cabeza, explotan la fértil vega del río.

El proyecto ha sido el primero en ejecutarse en los terrenos de un nuevo plan parcial, lindando con los campos de labor y junto a una ermita que en otro tiempo estuvo separada del caserío. En el solar, los dos bloques se vuelcan hacia un jardín privado. Los testeros frenan el desarrollo lineal de los cuerpos y sobrepasan sus aristas para contener el volumen aparente que incluye los únicos elementos que salen del paralelepípedo: las cajas de escaleras. La estricta alineación de ambas pastillas con los bordes del solar responde a la máxima ocupación permitida por el planeamiento; alrededor de los volúmenes sólo hay vacío, pero en previsión de próximas situaciones las fachadas muestran distintas expresiones para propiciar futuros diálogos urbanos.

Frente a las referencias locales, una primera intención fue distanciarse de ese repertorio contextual haciendo muy pocas alusiones directas al entorno. Sin embargo, las imágenes de los surcos de tierra pardusca, de los desmadejados testeros de ladrillo que construyen los bordes de los pueblos y de las chapas de las naves agrícolas se reinterpretan desde las técnicas y usos actuales. Ladrillo, cemento y metal: materiales tradicionales vistos desde una perspectiva contemporánea pero que nos recuerdan situaciones tan arraigadas en la zona como los estucadores cortando juntas a su aire, o los albañiles escafilando ladrillos de distintos colores. El proyecto no se aferra al pasado ni reniega de él, sino que trabaja sobre la norma y la costumbre, mostrando cómo mediante una serie de reglas sencillas la segunda puede derivar en la primera para alcanzar un punto de equilibrio entre tradición y modernidad.

La intervención en el dédalo abigarrado de La Trinidad de Málaga propone, como en Cantillana, una respuesta próxima a las preexistencias pero liberada de los aspectos más pintorescos del lugar. Este barrio, junto al de El Perchel, es una de las pocas zonas que han conservado su estructura original tras la fuerte presión inmobiliaria que durante los años sesenta ocasionó la pérdida de buena parte del tejido histórico de la ciudad. El proyecto forma parte de un plan especial de recuperación y realojo iniciado hace más de dos décadas, pero que aún continúa siendo el marco de actuación sobre las nuevas parcelas generadas por la anexión de pequeños lotes demolidos.

Frente a la habitual solución de manzana cerrada se optó por construir diez viviendas, todas ellas diferentes, alrededor de una serie de pequeños patios a los que se accede desde las calles que rodean el solar. La presencia de varias puertas en los alzados desdibuja el sentido de intervención única común en muchas de las obras que se están llevando a cabo actualmente. Todo el proyecto sigue las premisas del plan especial, pero intentando reinterpretar sus claves. Un único punto escapa de la normativa: es la fachada que se abre a la estrecha calle interior que sirve de acceso al inmueble colindante. Al no ser producto del plan, se resolvió en otro registro.

La dificultad de acceso al intrincado conjunto de estrechas callejuelas recomendó resolver la estructura con un sistema de muros de carga con el que, además de alcanzar la altura máxima autorizada, se obtiene una imagen masiva propia de la zona. El empleo, también obligado, de material cerámico en las cubiertas llevó a resolverlas en diferentes planos de azotea, rescatando para el paño inclinado a la calle principal unas magníficas tejas antiguas. Estas medidas junto con la ordenación de los huecos en series, el tratamiento superficial de las fachadas con bandas verticales de revoco en diferentes texturas y la aparición de excepciones volumétricas como el cuerpo de la esquina sur proponen una consideración no literal de la estricta norma trinitaria.[+]