Paisaje sobre ruedas

31/12/2003


El romance entre la arquitectura moderna y el automóvil fue sólo una aventura entre jóvenes que habían nacido por los mismos años, y que se jactaban de tener el futuro en sus manos. Pero la colonización del mundo por el motor de explosión transformó la estructura de la ciudad y la geometría del territorio. Frente a la rigidez exigente de los trazados férreos, la ductilidad infinita del asfalto ocupó el paisaje como una colada de lava, y cuando las grandes autopistas extendieron sus tentáculos veloces sobre el tejido craquelado de la ciudad existente, con ellas llegaba tanto un nuevo patrón de movimiento como una nueva organización económica, llamada a transformar por igual el espacio físico y el social. Las áreas de aparcamiento muestran la hipertrofia del orden —glosada con ironía en la instalación artística— que exige el sistema en reposo; el movimiento detenido, la difícil coexistencia del transporte rodado con el caos azaroso del tráfico peatonal. En la imagen conceptual del accidente se apocopa una metáfora de crisis, que explicitan las dos inmediatas: la cinta de alquitrán en California, calle mayor de una ciudad nómada que sólo existe por el petróleo; y la carretera arenosa de Bagdad, avenida principal de una ciudad espectral de vehículos devastados por una guerra petrolera...[+]


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