Opinión 

La figura en fuga


Juan Muñoz, Desaparición I, 1985

Navegando en la red, la proliferación de organismos virtuales puede percibirse como un riesgo, amenazante como el punto gigantesco que emerge de las profundidades en el anuncio de Sun. Cuando las publicaciones se desplazan a ese ámbito inmaterial, dejan tras de sí un rastro en la página blanca, y algo parecido hace la marca de ropa que sustituye la presentación de la prenda por una descripción y la etiqueta sobre la espalda desnuda de la modelo. El vestido se desvanece, o bien es el cuerpo el que lo hace, como en la acción de Juan Muñoz, y el residuo es apenas un tejido deshabitado. Lo orgánico se falsifica o se simula en el espacio digital, y la ‘belleza sin belleza’ de los pechos de silicona—en bandeja quirúrgica u oferente como los senos seccionados de las mártires— se extiende a los bustos infográficos de las cibermuñecas publicitarias. Las modelos virtuales desplazan a las de carne y hueso, y la anatomía digital se impone al cuerpo cultivado en el gimnasio. La figura se declara en fuga, y la estética de la desaparición alimenta los desalojos de escenarios pictóricos de Tintoretto o Velázquez. Que la supresión es un acto artístico ya lo sabía Rauschenberg cuando hace medio siglo borró a De Kooning; pero nada de eso alivia la ansiedad de la ausencia y la angustia de la tábula rasa...[+]


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