Contenedores y contenidos. El sueño doméstico

31/12/2003


La vieja modernidad canónica despojó a la arquitectura del deseo. Reducida a una celda lacónica, la vivienda racional expulsa de su ámbito la fatigosa parafernalia de los objetos, la asfixiante decoración de los interiores y la pomposa manifestación exterior del carácter. Pero el drenaje salutífero de hojarasca innecesaria se convierte en hemorragia letal cuando esos recintos penitenciales excluyen de su vacío violento mobiliario y enseres, renuncian al revestimiento dócil del confort y persiguen la pureza atroz de la desnudez extrema. La cura de adelgazamiento transforma entonces la bulimia en anorexia, y el edificio inapetente pierde también el apetito por la piel y el gusto por el sueño. Mario Praz nos enseñó hasta qué punto La casa de la vida enhebra el espacio y la memoria a través de los objetos, y de qué manera el teatro doméstico nos hace a todos coleccionistas y conservadores de un museo privado de piezas biográficas. Este ‘sistema de objetos’ patinados por el uso y lastrados por la emoción son a la vez utillaje e impedimenta, atrezo que acompaña nuestro tránsito por el escenario, y pesado equipaje que dificulta el movimiento en el cambiante paisaje de un mundo sometido al dominio del nomadeo impaciente, la transparencia impudorosa y el simulacro unánime...[+]


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