Sociología y economía  Opinión 

Aprender a esperar

Vaccines Offer Hopes of an Ending

Luis Fernández-Galiano 
31/12/2020


La paciencia es hermana de la esperanza. El filósofo Ernst Bloch, que escribió los tres volúmenes de El principio esperanza durante su exilio estadounidense entre 1938 y 1947, solía repetir que «lo importante es aprender a esperar». Hoy, cuando desde The Economist hasta la Organización Mundial de la Salud se felicitan de que los éxitos en la creación de vacunas nos hagan ver ‘la luz al final del túnel’ de la pandemia, es imprescindible conjugar la esperanza con la paciencia.

Agotados tras muchos meses de oscuridad y de distancia en nuestras vidas y trabajos, sufrimos lo que Antonio Muñoz Molina ha llamado cansancio narrativo, «el desconcierto ante la falta de expectativa de un final claro y cercano», y el súbito anuncio de la disponibilidad de varias vacunas ofrece una promesa del término de la pesadilla vírica que alimenta expectativas y aviva la impaciencia. Deseosos de recibir buenas noticias, los mercados y las gentes se precipitan hacia el happy ending, pero ahora más que nunca debemos aprender a esperar.

El extraordinario logro de laboratorios y empresas farmacéuticas, que en apenas diez meses desde que los investigadores chinos publicaran el código genético del SARS-CoV-2 han obtenido vacunas eficaces y seguras —un proceso de diseño, ensayos y producción que suele extenderse durante años— es una hazaña científica colosal, pero los detalles que conocemos de las que previsiblemente recibamos los europeos, las de Pfizer, Moderna y quizás AstraZeneca, muestran que la celeridad ha sido posible gracias al estudio lento y meticuloso de crisis víricas anteriores por parte de equipos de investigación que acumulan experiencias con tenacidad, continuidad y constancia. El componente de rivalidad geopolítica que ha hecho esta carrera sanitaria comparable a la carrera espacial del pasado siglo ha estado matizado por múltiples alianzas y acuerdos internacionales que hacen de la proeza científica un éxito de la cooperación, y al cabo de la humanidad.

Asediados por vendavales autoritarios populistas que alientan el enfrentamiento y dividen a las poblaciones, es un motivo de esperanza comprobar que la dimensión universal del conocimiento racional y de la ciencia puede suministrar remedios para los males que afligen por igual a los pasajeros de la nave espacial Tierra, sean las pandemias víricas o el cambio climático. Simultáneamente al anuncio de las vacunas se ha producido el fracaso de Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, y el rechazo de sus políticas es otro elemento alentador en un mundo que hoy padece ayuno de gobernanza global. Las raíces del populismo, sin embargo, están en fracturas sociales y económicas que las élites siguen sin abordar, y que empujan a muchos hacia la implosión identitaria y el irracionalismo militante. La obra optimista y utópica de Bloch, que originalmente iba a llamarse ‘Sueños de una vida mejor’, nos impulsa a cultivar la esperanza en la razón mientras practicamos el aprendizaje de la espera.


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