Photonikzentrum, Berlin
Sauerbruch Hutton 

Photonikzentrum, Berlin

Sauerbruch Hutton 


Adlershof es un barrio del sudeste de Berlín que después de la II Guerra Mundial se convirtió en el principal baluarte de investigación aeronáutica de la República Democrática Alemana. Aún perviven algunos testigos de aquella época: enormes bloques de hormigón sobresalen en un perfil de hangares y almacenes, centrifugadoras, túneles, e incluso una cámara de vacío donde se experimentaba con la antigravedad; son formas orgánicas que bien podrían ser decorados de una película futurista, o escenario para la vuelta a un pasado irreal. Estos terrenos están sufriendo hoy una profunda transformación para convertirse en un parque tecnológico; las surreales formas de hormigón serán liberadas de sus construcciones parásitas y permanecerán como restos anacrónicos, esculturas en memoria de una época; y los laboratorios de los años sesenta se restaurarán y se construirán edificios nuevos, entre los que se encuentran cinco centros de innovación. Uno de ellos es éste, dedicado a la investigación en óptica electrónica y tecnología láser, que se inserta en un decorado todavía cambiante de naves de pequeña escala, cuyas gastadas fachadas —de pintura ocre desconchada que se va cayendo como las escamas de un pez seco— son el fondo neutro perfecto para la aparición de un nuevo elemento, más amable y lleno de vida.

Colores al poder
La dos piezas del Photonikzemtrum se sitúan en un solar romboidal inserto en una retícula bastante regular, con edificios de geometría ortogonal. El contorno sinuoso y ameboide de estos volúmenes busca afirmar su presencia con rotundidad, respetando al tiempo la escala del entorno y generando un recorrido impredecible entre ambos. Las fachadas están formadas por dos láminas de vidrio separadas siete centímetros, donde se integran la estructura y el sistema medioambiental: la primera se lleva al perímetro, dividiéndolo en bandas alternas de aire limpio y aire viciado. Es aquí donde tiene lugar el proceso de renovación natural del mismo, que penetra en la cámara por unos huecos situados en la parte inferior del vidrio exterior y pasa al interior del edificio a través de las ventanas de guillotina de la hoja interna, escapando al final del proceso a lo largo de las columnas, en un recorrido vertical que empieza en los huecos circulares situados bajo cada forjado y termina en la rejilla superior. Unas cortinas venecianas alojadas en este espacio protegen contra el deslumbramiento y regulan el exceso de calor. Dichos procedimientos, uno invisible y otro perceptible, están sujetos a la actividad de los usuarios, que pueden modificar desde el interior mediante un mecanismo eléctrico el grado de ventilación e iluminación, al regular la posición de la ventana y la apertura de las lamas. Esta variabilidad aleatoria hace que la imagen del centro resulte cambiante y dinámica. En un recorrido perimetral, los colores de las cortinas abarcan todo el espectro, desde los tonos rojos del acceso principal a los azules de la entrada secundaria, y los amarillos y verdes junto a un bosquecillo vecino. Los intervalos son irregulares como lo es la proporción de cada color, que se obtiene mediánte refracción. Las columnas están coloreadas con pigmentos minerales aplicados directamente, a modo de pintura al fresco.

El edificio principal tiene una altura de tres plantas, perforadas verticalmente por el atrio central y por el laboratorio de fibra óptica. Las instalaciones se encuentran alojadas en los forjados, a lo largo de vigas en U de hormigón prefabricado, distribuidas en un esquema de peine en ramificaciones desde el montante vertical. Un pasillo central atraviesa longitudinalmente el interior comunicando los dos espacios a triple altura de los extremos, donde la membrana de la ameba pierde tersura y se quiebra, dando acceso a las diferentes salas. Los colores de este eje son una transposición cromática del espectro a otro modo, una ‘escala de grises’ allí donde la luz solar no llega. En el edificio menor, que es un único espacio de 7,5 metros de altura para realizar experimentos a gran escala, las carpinterías varían de colocación, insistiendo en esa imagen oscilante.[+]


Obra
Photonikzentrum, Berlín, Alemania. 

Cliente
WISTA. 

Arquitectos
Matthias Sauerbruch, Louisa Hutton. 

Colaboradores
K. de Winder (proyecto), H. Frielingsdorf, J. van den Berg, A. Meier, M. Pfándler, A. Rothkegel, C. Wilkinson. 

Consultores
Fraunhofer Management (gestión); Harms & Partner (costes y dirección de obra); Krebs «fe Kiefer (estructura); Zibell Willner «fe Partner (instalaciones); Michael Lange (fachada); Schrickel (paisajismo). 

Contratistas
C. Baresel, Radeburger Fensterbau. 

Fotos
Jan Bitter + Marcus Bredt, Roland Halbe / Contur.