Ampliación de los Juzgados, Zaragoza
Alejandro de la Sota 

Ampliación de los Juzgados, Zaragoza

Alejandro de la Sota 


La memoria del proyecto de los Juzgados de Zaragoza es la más extensa y detallada de las publicadas por Sota. En ella, el autor describe con precisión la organización del programa y las circulaciones segregadas de jueces, reclusos, policías y público. «En fin, parece que todo ocupa la situación más conveniente para el desarrollo de sus funciones». Este planteamiento analítico y funcionalista constriñe el proyecto a un diagrama inteligente que no contiene su estructura profunda. El desinterés del arquitecto por la figuración, por la forma como dato previo, y su confianza en la tecnología y en el esquema funcional como fibra germinal de la obra, no garantizan por sí mismos, sin la mediación de un lenguaje formal pertinente, la arquitectura magistral de otros proyectos anteriores.

Los nuevos Juzgados se insertan en la trama irregular del centro de Zaragoza, detrás del antiguo edificio porticado. Sobre un sótano que ocupa todo el solar emergen tres bloques compactos e igualmente troquelados que conforman un espacio interior ajardinado. El vestíbulo, situado en este zócalo, enlaza limpiamente lo antiguo con lo nuevo mediante una galería acristalada y da acceso con dos núcleos de comunicación vertical a los tres bloques, que se encajan sin considerar la orientación, con la lógica fría del esquema radical.

El cerramiento, como en anteriores obras, se construye con paneles ligeros de chapa de acero lacada. Pero ahora las piezas que lo forman son de mayor tamaño, quizás al límite de sus posibilidades dimensionales. Este despiece desajustado le aporta al edificio una escala enorme que contrasta violentamente con la arquitectura doméstica que lo rodea. Los paneles superan los seis metros de longitud. Las fachadas ya no dibujan vibrantes líneas de tensión como en León, sino que se reducen a un conjunto de planos simétricos, colocadas en distintas posiciones poco sensibles a las relaciones que se establecen entre ellos, y a las que existen entre éstos y el conjunto urbano.

Con frecuencia, las obras de Sota encuentran un sutil estado de equilibrio entre lo subterráneo y lo aéreo. En Zaragoza, esa línea de flotación está marcada por el pavimento de adoquín que ingeniosamente se levanta sobre las fachadas exteriores y construye un basamento ciego que impide descubrir el jardín interior. Así, la gratitud y amabilidad del espacio interior de los Juzgados se transforma en distancia antipática al exterior.

Ya cansado, Alejandro de la Sota repite en su última obra experiencias anteriores sin valorar bien algunas circunstancias diferenciadoras... [+]