Nueva Eva y nuevo Adán

31/12/2003


El arte ejerce pedagogía del cuerpo. A través de la representación del desnudo atiende a nuestra curiosidad interminable por los otros, y mediante el filtro de su mirada codifica nuestra propia percepción. Cuando una retina renacentista pinta a Adán y Eva, los cuerpos esbeltos se ofrecen serenos al examen, y en el espejo mejorado del lienzo nos reconocemos al mismo tiempo que se nos excita a la emulación estética de ese ideal anatómico. En nuestro mundo, ese papel didáctico lo ejerce la publicidad: el cuerpo deseado —como propio y como objeto erótico— no es el descrito por la pupila implacable de Lucian Freud, sino el fabricado por la maquinaria impecable de la imaginación publicitaria, y la sensualidad atlética de los modelos de moda desplaza sin esfuerzo la carne mortecina de los cuerpos pintados. La realidad, sin embargo, desmiente testaruda las construcciones simbólicas de los creativos de las agencias, y hallamos más verdad en los cuerpos expuestos de Peter Greenaway u Óscar Bony (las dimensiones desviantes frente al canon clásico, y la condición coral de la familia obrera como sujeto social subordinado) que en la invención heroica de esa renovada Eva que toma la iniciativa de la seducción equívoca y muestra con aplomo frontal su diferencia...[+]