La vida elemental. Energía, habitación y territorio

31/12/2003


La historia comienza en la casa, y ojalá termine también en ella. Alumbrado en una casa, como tantos de mi edad, e incómodo con la tecnificación de la vida que ha transformado el lugar común en espacio especialista, desterrando nacimientos y muertes al ámbito sanitario, busco todavía en lo doméstico un refugio material y metafórico. Mi generación halló en la casa arquetípica un arma antropológica contra la modernidad rutinaria de los años sesenta, y tanto los cobertizos de Rossi como las residencias de Venturi prosperarían en un terreno removido por el viaje de vuelta al ‘juvenil mundo antiguo’, de las villas de Palladio a la de Plinio. El redescubrimiento de la vieja genealogía de la tratadística clásica nos llevó, de la mano de Rykwert, hasta ‘la casa de Adán en el Paraíso’, en un itinerario jalonado por una lectura heterodoxa de Alberti o Vitruvio en busca de un rigorismo à la Milizia que pudiese reemplazar los ajados dogmas modernos. Todo aquello nos hizo heideggerianos malgré nous, y con el de Friburgo mantuvimos la relación ambigua que exigen el rectorado de Heidelberg y la cabaña de la Selva Negra: su oscuridad esencial fascinaba poco a los educados en la militancia antimetafísica, pero su resistencia testaruda a la doble dictadura de lo efímero y la técnica hizo más mella en las conciencias que las derivas aforísticas de un Benjamin baudelairiano o las fatigosas homilías dialógicas de un Habermas para el cual la modernidad era un proyecto inacabado...[+]


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