Identidades errantes

31/12/2003


Pocas expresiones mejores del extravío de la identidad que esas mujeres hutus buscando a sus hijos, perdidos en el éxodo de 1994: detrás de cada marea humana hay un cúmulo de biografías individuales sepultadas en el anonimato estadístico de la multitud desvalida. Así entre los refugiados albaneses llegados al puerto italiano de Brindisi; así entre los náufragos afganos recogidos por el Tampa noruego y negados acogida en Indonesia y en Australia, ¡la semana anterior al 11 de septiembre!; así entre los kurdos iraquíes anclados en el Mónica frente a Sicilia; así también entre los inmigrantes subsaharianos recogidos por la patrullera de la Guardia Civil en Fuerteventura. Supervisados por radares y controles —a veces, como en Jedda, usando su propia pupila, que sustituye el ojo vigilante por el ojo vigilado—, los inmigrantes ilegales fluyen como un río caudaloso ocultos en camiones o pateras donde con frecuencia hallan la muerte, sembrando de cadáveres el perímetro clausurado de la prosperidad. Santiago Sierra quiso expresar ese blindaje tapiando la puerta y ocultando el nombre del Pabellón de España en Venecia, y Alfredo Jaar representó el valor de cambio de la identidad nacional con un millón de pasaportes finlandeses, paradigmático objeto de deseo de la multitud errante...[+]