Espíritus y espectros

31/12/2003


Que la política y la guerra no son sólo espectáculo mediático pudo verse en Somalia, donde los marines norteamericanos desembarcaron ante las cámaras de la CNN para dejar apresuradamente el país tras el dramático episodio que reconstruiría Ridley Scott en Black Hawk derribado. La propia guerra afgana, primera de la nueva era abierta por el 11-S, podría haberse librado sólo con cazas y bombarderos invisibles —los F-117 Stealth y B-2 Spirit que tan bien resumen los pliegues y alabeos de los años noventa— y los Predator no tripulados, pero al fin hubieron de usarse los cañoneros AC-130 Spectre, simples Hércules artillados, y los venerables B-52, los bombarderos creados por la Boeing hace medio siglo y aún en servicio. En este tránsito de espíritus a espectros cabe mencionar que tanto el B-2 estrenado en las guerras balcánicas y sus urbicidios rituales como el Guggenheim que tan eficazmente ha contribuido a regenerar una ciudad fueron diseñados con el mismo programa CATIA; una reflexión optimista sobre la técnica que puede servir de estímulo ante una crisis cuyo desorden violento y azaroso amenaza con descomponer la ficción helada de las élites políticas: para que sobre los paisajes futuros no quepa inscribir el epitafio de la pizarra roja de Chernóbil, «todo ha terminado»...[+]