El rascacielos y el avión. Metáforas del 11-S

31/12/2003


La destrucción de las Torres Gemelas es la catástrofe fundacional de una etapa histórica. Se ha comparado con la caída del muro de Berlín, que cerró a la vez los años ochenta y la Guerra Fría, y su albur cronológico ha movido a considerarla umbral de un siglo «en el que hemos entrado», como ha dicho Kofi Annan, «por una puerta de fuego». Pero su importancia podría ser aún mayor y acaso el tiempo la sitúe en el rango de eventos como la caída de Constantinopla o la Revolución Francesa que sirven de charnela entre edades diferentes. Este suceso primigenio, auténtico ur-acontecimiento del III Milenio, debe su trascendencia a muchas circunstancias, pero en ningún caso a su dimensión humana o física: cualquier ignorado conflicto tribal africano deja más víctimas que las registradas en la Zona Cero, y son innumerables las catástrofes naturales o provocadas que han causado una devastación material superior. La condición singular que hace del 11-S un punto de inflexión histórico es su localización simbólica en el corazón del imperio, cuya vulnerabilidad ha puesto de manifiesto; sumada a su escenificación mediática, que ha producido un copioso acervo de imágenes ya míticas, y a su origen causal en el conflicto con el mundo musulmán, que dibuja la principal línea de fractura de nuestro tiempo, esta circunstancia anuda en las ruinas del World Trade Center todos los hilos de tensión de una aurora secular cuyo tinte encendido imita el del ocaso...[+]