Parador de Santa María de Bouro, Amares
Eduardo Souto de Moura 

Parador de Santa María de Bouro, Amares

Eduardo Souto de Moura 


Los orígenes del monasterio de Santa María de Bouro, situado a unos diez kilómetros al norte de Braga, son tan oscuros y están tan entreverados de leyendas como los de otros muchos monasterios medievales. Al parecer, ya en 1162 existía en este emplazamiento, situado en la margen izquierda del río Cavado, una pequeña comunidad de eremitas que al final del siglo se adhirió a la orden del Císter. Los restos arqueológicos más antiguos datan de entonces, pero la mayor parte de lo que ha llegado a nuestros días proviene del siglo xviii, cuando culminaron las sucesivas reformas y ampliaciones realizadas a lo largo del tiempo. En 1834 se suprimieron las órdenes religiosas y los monjes fueron expulsados del monasterio, que se subastó. Tan sólo la iglesia escapó al proceso de degradación que experimentó el lugar a partir de entonces.

Cuando se planteó su rehabilitación para convertirlo en hotel, era muy poco lo que quedaba en pie del edificio. La intervención no se abordó como una reconstrucción de la estructura original, sino como otra nueva que tenía que surgir de las ruinas existentes. No obstante, el respeto por lo que ha llegado a nuestros días y el recurso a la piedra original contribuyen a que la intervención quede perfectamente integrada en una imagen unitaria. El paso del tiempo se encargará de igualar la textura de la piedra antigua y la nueva tanto en aquellos paramentos que prolongan o reconstruyen los existentes, como en el cuerpo añadido destinado a la maquinaria, que ocupa el talud del lado sur y sobre cuya cubierta se encuentra la terraza del restaurante.

Este proceso de integración, sin embargo, no trata de ocultar lo nuevo, que se hace explícito no sólo en el tratamiento de las carpinterías y en detalles como el balcón que asoma al naranjal, sino también en la forma horizontal que se ha dado a los huecos añadidos para diferenciarlos de los antiguos. Es en el interior donde se percibe de forma más clara el contraste entre lo que ya existía y lo que se ha añadido. Además de cumplir una función de consolidación de los muros antiguos, el nuevo forjado metálico es el elemento que más obviamente señala el carácter contemporáneo de esta última reforma. En la reordenación de los jardines y huertos que rodeaban el monasterio se ha mantenido la estructura definida por los muros y caminos que delimitaban las diversas zonas. Los principales elementos de nueva creación son una pequeña piscina oval al sur, y un espejo de agua en el patio delantero de la cocina. Reconvertidas en superficies vegetales con plantas rastreras, las cubiertas de los edificios reflejarán también el paso de las estaciones.


Cliente Client

Enatur

Arquitecto Architect

Eduardo Souto de Moura, Humberto Vieira;

Proyecto de decoración Interior design: Eduardo Souto de Moura, Cecília Cavaca, Humberto Vieira;

Diseño de los jardines Garden design: Maria João Dias Costa

Colaboradores Collaborators

Manuela Lara, Marie Clement, Ana Fortuna, Pedro Valente

Consultores Consultants

GOP (estructuras y electricidad structural and electrical engineering); Gestão de Energia Térmica (instalaciones mechanical engineering)

Contratista Contractor

Soares da Costa

Fotos Photos

Luís Ferreira Alves, Duccio Malagamba, Hisao Suzuki