Museo de las Ciencias, Valencia
Santiago Calatrava 

Museo de las Ciencias, Valencia

Santiago Calatrava 


Entre el cauce desecado del Turia y la carrete-ra de El Saler, en el sureste de la periferia valenciana, la Ciudad de las Artes y las Ciencias consolidará la unión de dos barrios apenas relacionados. Integrada en un un primer momento por el Museo de Ciencias, un cine-planetario y una torre de comunicación, esta última pieza fue finalmente sustituida por un Palacio de las Artes que quiere constituirse en núcleo de difusión de la cultura en todas sus manifestaciones y albergará un centro de artes escénicas, el Instituto Valenciano de la Música, una escuela de cine y la filmoteca. 

Con el cine-planetario en funcionamiento desde hace unos años, el conjunto ha adquirido un nuevo eslabón con la inauguración del Museo de las Ciencias, la pieza más extensa de este ambicioso proyecto.

Tres grandes estanques forman la alfombra de agua sobre la que se posan las tres piezas mencionadas, para servir al doble propósito de mejorar el microclima en torno al museo y actuar de reserva para los sistemas de climatización y de extinción de incendios de los edificios. La parcela elegida para la construcción del museo —cerca de 30.000 metros cuadrados— se encuentra limitada por el parque del Turia al norte y una zona aún sin urbanizar al este, que acogerá un parque oceanográfico en el que se instalarán reproducciones de algunas obras de Félix Candela.

Además del museo, un cine-planetario y un palacio de las artes forman la Ciudad de las Artes y las Ciencias, un centro cultural junto al parque del Turia que unirá dos barrios hasta ahora apenas relacionados.

 Sus proporciones alargadas, con el eje mayor paralelo al antiguo curso del río, inspiraron un desarrollo longitudinal del edificio a partir de la repetición modular de su sección. Un mismo pórtico se repite así hasta cubrir la superficie de 150 x 250 metros que ocupa el museo en planta, definiendo desde su forma dos espacios diferenciados: una nave de cubierta inclinada en la que se insertan las salas de exposición en tres niveles distintos, y un gran vacío vertical —paralelo al parque del antiguo cauce fluvial— al que se asoman los distintos niveles de la muestra entre los cinco grandes pilares que sustentan la cubierta y albergan los núcleos de comunicación.

Para proteger los paseos del fuerte sol mediterráneo, una gran estructura a modo de umbráculo se sitúa paralela al museo, reinterpretando los ejemplos decimonónicos de Barcelona o Valencia.

El interior aparece así dominado por los cinco inmensos machones arborescentes que se ramifican sucesivamente en dirección ascendente hasta trans-formarse en los veintiún arcos que sustentan la cubierta de aluminio y en las ménsulas que sirven de apoyo al muro cortina inclinado que cierra el vacío longitudinal.

Un mismo pórtico se repite hasta cubrir la superficie de 150x250 metros que ocupa el museo en planta; como en los tradicionales invernaderos de exposición, solo el vidrio media entre la estructura y la forma construida.

 Como en los grandes invernaderos de exposición del siglo XIX, tan sólo el vidrio que cierra las fachadas media entre la estructura y la forma construida, una filigrana de hormigón que preside el parque en el que se ha convertido el río Turia.

Cinco grandes pilares, que albergan los núcleos de ascensores y escaleras, se ramifican hasta transformarse en los 21 arcos de la cubierta y en las ménsulas que sirven de apoyo al muro cortina inclinado de la fachada.


Cliente Client

Generalitat Valenciana

Arquitecto Architect

Santiago Calatrava

Colaboradores Collaborators

A. Rodríguez, M. Alcaide, F. Alabadí, J. A. Fernández, M. Rando

Consultores Consultants

Iberinsa (estructura structure

Contratista Contractor

Necso-FCC; Corus/Kalzip (cubierta roof

Fotos Photos

Roland Halbe, Palladium