Arte y cultura  Opinión 

Tulipanes digitales

Cryptoart and Cryptocurrencies

Luis Fernández-Galiano 
02/04/2021


‘Museo oculto’, Singapur

La burbuja de los NFT es ya comparable a la fiebre de los tulipanes en la Holanda del siglo XVII. Los non-fungible tokens son piezas digitales de imágenes, vídeos, texto o código autentificados mediante la tecnología blockchain, y hoy están alcanzando precios extravagantes en las subastas. Everydays: The First 5000 days, el mosaico de imágenes realizado por Mike Winkelmann, conocido como Beeple, se ha vendido en Christie’s por 69.3 millones de dólares —el tercer precio más alto logrado en subasta por un artista vivo, tras Hockney y Koons—, y la cifra ha causado el inevitable revuelo mediático. El arte digital, que se inició vendiendo vídeos de gatos, mates de la NBA, álbumes de música e incluso memes, gifs o tuits en plataformas como OpenSea o Nifty Gateway, ha llegado a las grandes casas de subastas, y si Christie’s (que en 2018 ofreció la primera obra de IA) ha roto el mercado con su primer NFT, su rival Sotheby’s se ha apresurado a anunciar que subastará obras de Pak, el artista digital que tiene millones de seguidores en sus cuentas Archillect.

Hasta Everydays, los iconos NFT más exitosos eran obras virtuales como un álbum de la banda Kings of Leon, el Bitcoin Angel del pintor Trevor Jones, las animaciones de Mad Dog Jones, la WarNymph Collection de la cantante Grimes, un bloqueo de LeBron James o el primer tuit de la historia —«Just setting up my twtter»— que vendió el creador de la red social, Jack Dorsey; piezas criptográficas que la cadena de bloques convierte en bienes no fungibles y únicos que pueden comercializarse, y cuya naturaleza exclusivamente digital exige en ocasiones la destrucción del objeto físico que les da origen, como ha ocurrido con obras del grafitero Banksy. El recelo ante esta fiebre artística es comparable al que acogió la emergencia del minimalismo, el conceptual, las instalaciones o el vídeo, así que quizá el actual mercado del arte esté anunciando un futuro que todavía no sabemos percibir con claridad; o quizá el rey esté desnudo, y nos hallemos simplemente ante una burbuja especulativa impulsada por las élites de Silicon Valley y el dinero negro del planeta.

El sociólogo Thorstein Veblen acuñó hace más de un siglo, en The Theory of the Leisure Class, el concepto del consumo ostensible como instrumento de prestigio social, y llamamos bienes Veblen a los que incrementan su demanda con el precio, porque es su condición inasequible la que los hace exclusivos. Es tentador situar a los NFT con los diamantes como bienes Veblen, pero es más probable que sean bulbos de tulipanes, con los precios exorbitantes que corresponden a una fiebre especulativa. Diamantes o tulipanes, los NFT suelen venderse en criptomonedas —Everydays fue pagado en ethers por su comprador, Metakovan, un criptoinversor profesional—, y es inevitable asociar el criptoarte con los gigantescos ‘museos ocultos’ de Ginebra, Singapur o Luxemburgo donde el arte físico elude el control fiscal. Además de tener la colosal huella de carbono que corresponde a su uso de la cadena de bloques, los NFT se inscriben en un universo de materia oscura y criptotransacciones donde la ostentación se enreda con el dinero profundo. Que estalle la burbuja.

Beeple, Everydays: The First 5000 Days, 2021 © Christie’s


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