Religión secular: Piano vs. Holl

Luis Fernández-Galiano   /  Fuente:  El País
01/01/2017


La religión pertenece al siglo. La vieja distinción entre la eternidad divina y la temporalidad secular se desvanece cuando la religión se hace política y el culto se transforma en espectáculo. En el mundo contemporáneo, la fe privada se ha hecho pública, y la Iglesia se confunde con el Estado en una amalgama que censuran a la vez los defensores del misterio sagrado y los abogados de la razón civil. Pero el pulso planetario del espectáculo finimilenario hace latir por igual lo divino y lo humano en los recintos escenográficos de la piedad moderna. Una pequeña capilla jesuita en el Pacífico y una gran iglesia franciscana en el Adriático ilustran la naturaleza teatral de la última generación de espacios sagrados.

Seattle es la ciudad de Bill Gates, pero también la de Frank Black: el jovial dueño de la compañía Microsoft y el atormentado protagonista de la serie Millennium componen el rostro luminoso y sombrío de un fin de siglo en el que coexisten la alta tecnología y la alta superstición, la magia amable de la microelectrónica y la fascinación ominosa por el misterio. En la Universidad de Seattle, regida por los jesuitas, la tecnología parece ser más abundante que el misterio, y su rector quiso quizás equilibrar la balanza levantando una capilla en el campus. Tras invitar a varios arquitectos a dar conferencias en la universidad, el padre Sullivan otorgó el encargo al que atrajo a un público más numeroso: éste resultó ser Steven Holl, un joven talento originario de Seattle y afincado en Nueva York, que con esta iglesia construye su primera obra importante en Estados Unidos...[+]


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