Pianoforte

Luis Fernández-Galiano   /  Fuente:  El País
01/01/2017


Premiando a Renzo Piano, el jurado del Pritzker ha roto una regla no escrita: a este galardón sólo podían aspirar arquitectos de arte o ensayo, y de su nómina quedaban tácitamente excluidos aquéllos con querencias ingenieriles o tecnológicas. Hasta esta edición vigésima, los distinguidos con el premio Pritzker exhibían una obra de dimensión eminentemente artística —Frank Gehry, Álvaro Siza—, de vocación esencialmente teórica —Aldo Rossi, Robert Venturi— o de ambas cosas a la vez, como el caso de nuestro Rafael Moneo; sin embargo, ninguno de ellos podía ser acusado de excesiva intimidad con el mundo de la ingeniería. La decisión de premiar al arquitecto genovés quiebra ese tabú absurdo y añejo, extiende generosamente el territorio del Pritzker y refuerza de forma significativa su legitimidad.

Renzo Piano es, en efecto, un constructor de talante inventivo y sensibilidad populista que ha extraído muchas de sus mejores ideas del diseño de los barcos o de los seres vivos; su larga colaboración con el desaparecido ingeniero británico Peter Rice produjo varios de los edificios más radicalmente originales de las últimas décadas; y su aparente desdén por la plástica ha dado lugar a algunas de las formas más deslumbrantes de la arquitectura contemporánea, de la lírica flor de hormigón del estadio de fútbol de Bari a la colosal ola metálica del aeropuerto de Kansai...[+]


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