Opinión 

Placeres del pliege

La vanguardia holandesa adopta a Deleuze.

Placeres del pliege
Opinión 

Placeres del pliege

La vanguardia holandesa adopta a Deleuze.

Luis Fernández-Galiano 
18/04/1998


Las arquitecturas del pliegue tienen uno de sus edificios insignia en la villa VPRO del grupo MVRDV, cuyos alabeos no aspiran a expresar las fracturas del mundo, sino que buscan adaptarse a su condición variable.

La nueva arquitectura se pliega a las circunstancias. Abandonando las imágenes desafiantes y catastróficas de la deconstrucción, las últimas vanguardias se acomodan al mundo a través de pliegues y dobleces. Si los arquitectos que se reclamaban de Derrida construían edificios quebrados y convulsos, los que citan a Deleuze proyectan formas alabeadas y amables: ya no se trata de expresar las fracturas del mundo, sino de adaptarse a su condición variable. Esta arquitectura reconoce las fuerzas socialesy económicas que la conforman, y se hace flexible para adecuarse a ellas: se dobla para no romperse, y los pliegues expresan simbólicamente esa voluntad transigente. La realidad no se representa o se denuncia; la realidad se gestiona o se negocia, con un pragmatismo que prefiere el pacto al conflicto, que incorpora la contingencia con ductilidad táctica, y que se enfrenta a la complejidad a través de la distorsión geométrica. La deconstrucción desgarraba las mallas regulares de la razón; los pliegues inspirados en Deleuze deforman esas mallas sin llegar a destruirlas.

Paradójicamente, esta arquitectura tan acomodaticia resulta muy subversiva. El piso que se curva y se transforma en muro confunde horizontal y vertical; el suelo alabeado que extiende al edificio los accidentes del terreno desdibuja los límites entre interior y exterior; y la superficie que se dobla y se retuerce trastorna nuestras hipótesis perceptivas con la eficacia mareante de una cinta de Moebius. Frente a estas tipologías perversas, la reacción más frecuente es la perplejidad. Según sus proyectistas, estas formas insólitas provienen de la influencia de circunstancias y factores externos, que moldean los espacios como el peso del trapecista deforma la red sobre la que camina; sin embargo, esas geometrías inesperadas remiten más bien a los programas de ordenador que utilizan la animación cinematográfica o la industria aeronáutica para representar paisajes oníricos o fuselajes de perfil exigente. Lo que se puede dibujar se puede imaginar, y comienza a poderse construir; las circunstancias externas no condicionan el resultado: se usan como coartada y estímulo para deflagrar procesos de extraordinaria inventiva formal.

Vacíos vertiginosos comunican los distintos niveles en la villa VPRO. En el proyecto urbano de Leidschenveen, MVRDV multiplica el suelo disponible desplegándolo como un fuelle.

La villa VPRO es un admirable ejemplo de estas arquitecturas del pliegue. Realizada en la ciudad holandesa de Hilversum por el joven equipo de Rotterdam MVRDV (Winy Maas, Jacob van Rijs, Nathalie de Vries), alberga las oficinas de una emisora pública de radio y televisión, conocida por su carácter poco convencional, que hasta la construcción de la nueva sede estaban alojadas en un con junto disperso de villas. El edificio proyectado por los tres arquitectos de MVRDV ha querido conservar el espíritu informal de la organización, levantando lo que a primera vista parece un enorme aparcamiento con suelos inclinados, vacíos azarosos y muebles desparejos: algunos de los forjados se alabean hasta fundirse con los de la planta superior, y otros se doblan sobre sí mismos como mantas en un armario; por doquier aparecen perforaciones y patios vertiginosos que comunican visualmente los diferentes niveles del edificio mientras permiten la entrada de luz a las zonas alejadas del perímetro; y huyendo de la moqueta y el mobiliario tradicional de oficinas, el conjunto se decora con multitud de alfombras sobre el cemento, arañas casi surreales y mobiliario de toda condición.

Para subrayar su vocación de paisaje interior, el edificio no tiene fachadas; su auténtica fachada es la sección: los pisos plegados se extienden hasta el borde exterior, donde unas grandes lunas con delgadas carpinterías ocupan el lugar de las cortinas de aire caliente inicialmente proyectadas, y que finalmente resultó poco práctico instalar. Tampoco tiene cubierta propiamente dicha, haciendo sus veces una gran extensión de césped salpicada de enchufes y tomas de ordenador, en el medio de la cual se levanta una sala de reuniones de vidrio a la que sólo se llega cruzando la pradera laboral-recreativa. Y en el interior de este gran cuadrado de 50 x 50 metros —quizás el edificio de oficinas más profundo de los Países Bajos— se despliega el panorama estimulante y caótico de lo que sus autores llaman una ‘ecología artificial’ generada por un ‘paisaje de datos’: un ambiente abigarrado, entre fabril y doméstico, que llega a ser decididamente teatral en lugares como la cafetería con las mesas dispuestas en gradas o en la gran chimenea donde arden permanentemente leños colosales.

Los pliegues y los bucles se usan profusamente en la obra del maestro indiscutido de la última generación holandesa, Rem Koolhaas; el Teatro Luxor en Rotterdam y el Educatorium de Utrecht.

En la sede de VPRO confluyen muchas influencias: el estructuralismo humanista de los holandeses Aldo van Eyck y Herman Hertzberger, que dejó en el orden laberíntico y anárquico de Centraal Beheer su mejor realización administrativa; el pragmatismo un tanto surreal y la pasión por la congestión del arquitecto de Rotterdam Rem Koolhaas, del que alguno de los miembros de MVRDV ha sido colaborador; la creciente popularidad del paisajismo en unos Países Bajos cuya densidad de población —y cuya presión exigente sobre el territorio—se aproxima a la del Japón; y la episódica incidencia de la teoría anglosajona, que en su fervor por todo lo francés sirve actualmente un menú que mezcla el situacionismo de Debord con la teoría de las catástrofes de Thom y le pli de Deleuze, convenientemente aliñados con la morfogénesis biológica, la topología matemática y las geometrías caprichosas del ordenador. En un libro reciente, el arquitecto y diseñador Óscar Tusquets describe su deslumbramiento universitario con el hallazgo de la condición artificial del suelo horizontal, una genuina creación humana de algo que no existe en la naturaleza. Y es posible que el término ‘ecología artificial’ remita más cabalmente a ese descubrimiento mágico y exacto que a las dunas de hormigón de los imaginativos jóvenes holandeses.

La sección libre

Si los arquitectos modernos inventaron la planta libre, Rem Koolhaas y sus discípulos han desarrollado la sección libre: el espacio ya no fluye sólo en sentido horizontal; se extiende verticalmente a través de pisos que se inclinan y se curvan, desplegándose como acordeones o rizándose como olas quietas de hormigón. En el proyecto urbanístico de MVRDV para Leidschenveen, el suelo disponible se multiplica al abrirse como un fuelle, usando un procedimiento de conexión de niveles a través de rampas y alabeos que Koolhaas empleó antes en sus propuestas para el Centro de Arte de Karlsruhe y para las bibliotecas de Jussieu. Y los bucles, que ya estaban en el proyecto del mismo arquitecto para la Gran Biblioteca de París, modelan también los forjados del recientemente terminado Educatorium de Utrecht o del espectacular proyecto para el Teatro Luxor en Rotterdam. En la tradición de exploración formal que proviene de Le Corbusier, Terragni y el cubismo es difícil encontrar hoy un arquitecto más dotado y perverso que el maestro de los jóvenes de MVRDV, ese holandés genial e inquietante que responde al nombre de Rem Koolhaas.


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