Lampugnani y Dörrie dwellings, María Lankowitz
Vittorio Magnago Lampugnani  Marlene Dörrie 

Lampugnani y Dörrie dwellings, María Lankowitz

Vittorio Magnago Lampugnani  Marlene Dörrie 


Martin Tschanz

Que en una pequeña localidad de la antigua región de lignito de Estiria se construya una nueva cooperativa de 31 casas, sería, como mucho, una buena noticia para la prensa local de Graz. No es el caso de las viviendas de la calle Bergmann en María Lankowitz. Atraen la atención en gran medida por su calidad, pero también porque sus autores son Marlene Dörrie y Vittorio Magnago Lampugnani. 

Lampugnani, antiguo director del Museo Alemán de Arquitectura de Frankfurt y actualmente profesor del Departamento de Arquitectura en la ETH de Zúrich, se ha destacado como teórico y crítico. Sobre todo, sus comentarios sobre el desarrollo del Berlín reunificado desataron violentos debates. Lampugnani reunió en 1993 sus tesis bajo el poco afortunado título de ‘La nueva simplicidad: conjeturas sobre la arquitectura del fin del milenio’, tras el que se ocultaba un auténtico manifiesto. Se postulaba una «arquitectura de la duración», y no sólo por motivos ecológicos: frente al ruidoso fin de siècle se propugnaba una arquitectura que tras el guirigay del deconstructivismo, de la pos y de la neomodernidad, se situara por encima de modas efímeras, atendiendo a las «pequeñas cosas» y recuperando valiosas cualidades y soluciones. 

Del minimalismo de moda se distancia Lampugnani con su idea de que la arquitectura es ante todo un arte práctico, que debe resolver necesidades concretas. Más que los edificios berlineses, expuestos a la presión especulativa de los noventa, se puede considerar la pequeña colonia en María Lankowitz como un manifiesto construido de la nueva simplicidad. Coherentes con la teoría, estas casas no se destacan por su exclusividad o porque propongan innovaciones fundamentales. Parecen más bien absolutamente normales, casi familiares, mientras los vecinos edificios de la posguerra se convierten en elementos inseparables integrados en el nuevo conjunto. 

El acceso a la colonia residencial está marcado por un pequeño bloque cuadrado. Enfrente se sitúa otro alargado. Y entre ambos se ordenan trece viviendas en hilera con un pequeño retranqueo entre ellas, que siguen el arroyo que discurre en el límite de la parcela. Un muro de piedra reutilizada separa al sur la zona verde común de las calles y los aparcamientos. Con las hileras de casas existentes al sur, el conjunto forma un patio triangular bien delimitado, pero no cerrado, cuyo centro marca un haya que algún día será frondosa. 

Ninguno de estos elementos es extraordinario, ni siquiera el escalonamiento de la hilera. Ya en los años veinte, Víctor Bourgeois y Ernst May experimentaron con la rotura de la rígida alineación, y tras la II Guerra Mundial ésta fue una tipología muy utilizada, porque permitía dotar a cada casa de un espacio abierto delantero con cierta intimidad y de forma económica. Esas posibilidades se utilizan también aquí; y asimismo se logra una solución elegante para el difícil problema del ángulo agudo: las casas están trazadas con el orden ortogonal del conjunto y forman un preciso frente ante la edificación antigua, pero a la vez crean, como fila oblicua, el patio triangular. De manera análoga, Magnago Lampugnani y Dörrie utilizan la suave pendiente del terreno para agregar a las viviendas una especie de parterre elevado que sobresale algunos escalones por encima del terreno común. También de forma elegante desplazan ópticamente hacia el fondo los automóviles estacionados, sin necesidad de tener que ocultarlos tras construcciones. 

Referencias contrastadas
La arquitectura se muestra como una especie de balance de lo moderno. Las viviendas en hilera recuerdan a las primeras Siedlungen de la arquitectura moderna; las cubiertas planas, a ejemplos italianos de la posguerra. Las jardineras ornamentales evocan indudablemente la casa de Loos en la Michaelerplatz; y las espalderas que forman una especie de zócalo en planta baja, a Heinrich Tessenow. Los elementos nunca remiten a soluciones extremas, sino a otras probadas y aceptadas en la modernidad. Y como en todo eclecticismo de calidad, las referencias se mezclan en un todo autónomo. Con ello no se evoca en absoluto una modernidad abstracta ni vanguardista, sino otra que está orientada a las necesidades prácticas y emocionales de los habitantes. Así, por ejemplo, todas las casas están «bien cubiertas», como una vez formuló Paul Schmitthenner. Aunque el tejado de las casas en hilera es plano, como en algunos edificios de Bruno Taut, basta una simple moldura de coronación para conseguir ese efecto. 

Los detalles de las casas no son especialmente innovadores o elaborados, pero los elementos están ordenados y colocados adecuadamente. Hay, en las entradas a las viviendas y junto al buzón, un banco y un anaquel. Eso es práctico, y junto a la mesita pintada de verde y el suelo de piedra natural gris dotan al espacio de un confort casi representativo. En las simples pero bien proporcionadas viviendas se consigue mediante las puertas abatibles, las grandes ventanas y los balcones una impresionante amplitud, sin que por ello se sobrepasen las normas de la promoción social. 

Sin duda el nuevo conjunto residencial en María Lankowitz no es «simple». Sin embargo, cumple ejemplarmente las exigencias que Lampugnani reclama en su manifiesto a la arquitectura. Es económico en sus medios, aunque los usa con precisión y eficacia. Sin confundirse, conecta con lo existente y le confiere imprevistas cualidades. Y aunque muestra una caligrafía característica, se inserta sin alardes en la vida cotidiana. 

Pero precisamente por todo eso su cercanía a Graz puede aparecer como una provocación. De hecho, la concepción arquitectónica de Lampugnani no puede estar más alejada del formalismo de la escuela de Graz, con su pasión por el espectáculo y la teatralidad, o de jóvenes estrellas como Riegler y Riewe, que destacan por la dureza del hormigón y su minimalismo extremo. A las personas interesadas en la arquitectura que visiten la capital cultural de 2003 habrá que recomendarles, como contraste con las vanguardias de Graz, dar un paseo por María Lankowitz...
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Obra
Viviendas en la calle Bergmann, María Lankowitz, Austria. 

Arquitectos
Vittorio Magnago Lampugnani, Marlene Dörrie. 

Colaboradores
Stefano Rigoni; Michael Regner, Kurt Fandler, Helmut Garber (proyecto de ejecución). 

Fotos
Paul Ott.