Iglesia de las tres cruces, Imatra
Alvar Aalto 

Iglesia de las tres cruces, Imatra

Alvar Aalto 


A pesar de su agnosticismo volteriano y de su admiración por el anarquista Piotr Kropotkin, el diseño de iglesias fue una constante a lo largo de la carrera de Aalto ya desde su época clasicista. De aquel periodo data su elegante capilla de Muurame (1926-1929), la primera de una larga lista que culminará en el proyecto de Riola, en Bolonia, construido después de su muerte. Como apunta su biógrafo Goran Schildt, este interés de Aalto por la tipología eclesiástica no es ajeno a su concepción vagamente espiritualista y cósmica de la naturaleza y la sociedad. En cualquier caso, de todos sus proyectos religiosos, el más plenamente conseguido es sin duda la iglesia de Vuoksenniska, proyectada en 1956 y construida entre 1957 y 1959 en Imatra.

Situada junto a la nueva frontera establecida en 1944 tras el tratado de paz ruso-finlandés, Imatra es una mancomunidad de tres pueblos industriales enlazados por el río Vuoksi. En 1947, Aalto había trazado un plan urbanístico para toda la zona en el que unía los tres pueblos formando una ciudad forestal. El plan sólo se llevó a cabo en 1953 —si­guiendo sólo en parte las ideas originales—, pero le valió el encargo de la ‘iglesia de las tres cruces’.

Fiel a su concepción de la flexibilidad funcional, y consciente del papel que cumple la iglesia luterana en Finlandia como aglutinadora de iniciativas y acontecimientos sociales, Aalto buscó la forma de conseguir un espacio para el culto de dimensiones más bien reducidas y propicio al recogimiento, pero que pudiera ampliarse a diferentes tamaños sin que el espacio global perdiera su carácter. La forma en abanico de la planta le sirvió para conseguir sus propósitos: situada en la ‘cabecera’ de la iglesia, donde la planta se estrecha, la zona de culto adopta unas dimensiones adecuadas en relación con los tres elementos principales del rito luterano (el altar, el pulpito y el órgano), mientras que las franjas de ampliación, más anchas, permiten incrementar el número de asientos sin que aumente excesivamente la distancia al estrado. La especial fascinación del interior proviene del potente modelado orgánico de los muros, pero sobre todo del magistral tratamiento de la luz natural a través de una rica profusión de huecos cuidadosamente pensados en función de la orientación. Quizás el rasgo menos convicente sea, sin embargo, la pesadez mecánica de los tabiques móviles que separan los diversos espacios.

Dominado por la escultórica torre que debía competir con las numerosas chimeneas industriales del lugar, el exterior de la iglesia expresa con su volumetría la configuración del interior y establece a su vez las diferentes relaciones con el entorno...[+][+]