Escuela y polideportivo, Ostfildern
Lederer Ragnarsdóttir Oei 

Escuela y polideportivo, Ostfildern

Lederer Ragnarsdóttir Oei 


Admiramos la pátina que poseen las obras de Lewerentz, Anselm y Celsing, edificios modernos integrados en su entorno como si siempre hubieran estado ahí. Nuestro colegio del parque de Scharnhauser en Ostfildern, cerca de Stuttgart, debía ser algo parecido. Con estas premisas, la escuela despliega una serie de recursos compositivos y constructivos que no persiguen sino esta sensación de «haber estado siempre ahí», de solidez y atemporalidad. Construido en lo que en el pasado fue un recinto militar, el edificio surge de una lectura atenta del solar: el bloque principal de las aulas sigue la dirección norte-sur que marca la alineación con la calle, mientras que el volumen del gimnasio adapta su geometría a la curva que traza en el otro extremo una línea de ferrocarril existente. De igual manera, tanto la arquitectura como el diseño de los espacios libres tratan de asumir con naturalidad los desniveles del terreno, mediante una gran escalinata que une los dos edificios y reflejo de la planta suplementaria que se le añade al bloque en el nivel más bajo del ala sur.

El edificio principal se organiza alrededor de un gran vestíbulo-corredor, en torno al cual se ubican las aulas, despachos y demás servicios. Este pasillo pretende ser un elemento vertebrador funcional y espacial; debe leerse como un espacio continuo tanto en planta (es posible percibirlo en toda su longitud) como en sección (gracias a los lucernarios, que permiten iluminar los tres niveles, y a los huecos de escalera, que son distribuidores a la vez que vínculos visuales). Los accesos se han ubicado intencionadamente en los dos lados más cortos, en una sucesión de ámbitos --umbral, cortavientos, entrada-- preludio de las secuencias que el usuario encontrará más tarde. El edificio se remata en cubierta mediante un lucernario longitudinal con perfil en V que no sólo deja entrever en el exterior la importancia de este espacio central, sino que también permite una iluminación óptima y homogénea; incluso la manera en que se desplazan las aguas, que vierten hacia el interior de este cuenco y luego hacia los extremos, tiene su expresión al exterior mediante dos grandes gárgolas de hormigón armado.

La expresión de los huecos
Unida al edificio principal mediante un pasillo subterráneo, la construcción que alberga los usos deportivos y de recreo disimula su altura rehundiéndose en el terreno y levantando sólo el equivalente a una planta sobre rasante. Igual que en la escuela, la expresión de los huecos en los muros de ladrillo es sólo la necesaria, y el lucernario cilíndrico de la cubierta es clara expresión de lo que ocurre dentro. 

La voluntad de atemporalidad no es ajena al diseño de las fachadas transventiladas, que están formadas por una hoja interior de hormigón y otra exterior, autoportante, de ladrillo. Se ha tenido especial cuidado en el diseño de los elementos de unión entre ambas (dinteles, persianas, alféizares); se ha intentado en todo momento ofrecer una imagen de solidez, mientras se garantizaban las condiciones acústicas y térmicas necesarias. Este argumento que distingue entre elementos estructurales de vuelo de hormigón y muros de carga de ladrillo tiene también su reflejo en el interior, donde se utilizan las cualidades táctiles de las huellas de encofrados y de los revestimientos de madera para crear la necesaria calidez en los espacios docentes y de estudio…[+]


Obra
Escuela y polideportivo en el parque de Scharnhauser, Ostfildern, Alemania. 

Cliente
Sanierungs-und Entwiclungsgesellschaft Ostfildern. 

Arquitectos
Arno Lederer, Jórunn Ragnarsdóttir, Marc Oei. 

Colaboradores
Judith Haas, Alexander Mayer-Steudte, Pia Elser, Marco García Barth, Volker Hahn, Ulrike Hautau, Markus Horn, Cornelia Hund. 

Fotos
Roland Halbe/artur.