Adecuación paisajística del recinto amurallado y la capilla del Castillo de Jorba
Carles Enrich 

Adecuación paisajística del recinto amurallado y la capilla del Castillo de Jorba

Carles Enrich 


Desde su voladura durante la primera guerra carlista, el castillo de Jorba no ha sido más que un amasijo de ruinas que se recortaban en lo alto de un pequeño pueblo de la comarca catalana de Anoia. Sin embargo, el movimiento de tierras ocasionado en lo que iba a ser una sencilla adecuación del acceso al recinto desveló una serie de estructuras enterradas que avivaron el interés por llevar más lejos el proyecto inicial y emprender una verdadera puesta en valor de la plaza fuerte con privilegiadas vistas del entorno. La excavación dejó al descubierto los vestigios de una pequeña capilla del siglo XII con elementos decorativos de siglos posteriores: un elocuente testigo del devenir histórico de la construcción, que se ha protegido con un entramado ligero de madera laminada, fijado a la cimentación original mediante varillas roscadas reversibles, y un cerramiento de policarbonato que guarece los restos de la lluvia y facilita futuras labores arqueológicas.

A raíz del fortuito hallazgo se ha propuesto asimismo un recorrido por el interior de la fortaleza, en donde se rebaja el terreno para crear una serie de terrazas a varios niveles, unidas por tramos de escaleras de listones de madera y conformadas con hormigón ciclópeo elaborado con material de la propia excavación. No obstante, el empleo de piedras desiguales y una mezcla variable de mortero de cal y arena genera una textura contrastante que ayuda a apreciar el alcance de la discreta intervención.