Altamira School, Santiago de Chile
Mathias Klotz 

Altamira School, Santiago de Chile

Mathias Klotz 


La escuela se levanta sobre un solar de 60 metros de ancho y 200 de largo con excelentes vistas hacia la cordillera, en un suburbio de Santiago de Chile llamado Altamira. El edificio se distribuye, atendiendo a las necesidades del programa y a las particularidades del emplazamiento, en tres cuerpos bien diferenciados: sobre los dos linderos laterales se elevan dos bloques longitudinales de aulas, que encierran en su interior una construcción que alberga los servicios comunes. Es importante hacer una lectura geométrica conjunta de estos tres elementos en relación a la topografía: mientras las directrices de los dos prismas parecen converger en las lejanas montañas, el plano que cubre el gimnasio se dibuja a contrapendiente de la inclinación natural del terreno. Se crea de este modo un espacio común que actúa a la vez como patio de recreo y edificio polideportivo. Mientras el patio es sólo accesible desde la escuela, el gimnasio lo es por igual para los alumnos y para la comunidad exterior, teniendo incluso puerta directa desde la calle. Inmediatamente después se sitúa el graderío, que aprovecha también el juego de niveles. Al otro lado, y en un altillo, se coloca la cafetería. No hay que olvidar de todos modos que la decisión de construir en pendiente responde también a la voluntad de cumplir los deseos de los vecinos, escamoteando todo lo posible el volumen de un edificio que tenía que albergar el poco desdeñable número de 1.400 alumnos.

La distribución de las zonas lectivas se realiza según el esquema de aulas situadas a lo largo de un pasillo con dos escaleras en los extremos, alternándolas en el bloque sur con las zonas administrativas y de despachos. Se ha hecho no obstante especial hincapié en la flexibilidad del conjunto para responder a usos y modelos docentes diferentes: es así como la distribución de la tabiquería se muestra ajena al ritmo de una estructura regular de pórticos y losas de hormigón. Por su lado, los elementos estructurales del gimnasio—con pilares en forma de V y jácenas de gran canto— permiten salvar la luz que separa los dos bloques de aulas y a la vez dotar al edificio de una presencia y de un carácter propios de la institución que pretende representar.

Profundidad y textura
Los lienzos de fachada varían, tanto en su tratamiento como en la disposición de sus huecos, según a dónde se orienten; los correspondientes al sur, donde se sitúan las galerías de acceso a las clases, se cierran mediante paneles de vidrio y madera que, aunque regulares en su ritmo, juegan con la idea del collage en la utilización de los colores. Estos corredores se separan del exterior mediante una segunda piel de malla metálica que dota al conjunto de un deseado efecto de profundidad y textura. En las fachadas orientadas al norte, la tersura se consigue mediante la utilización de un revestimiento de madera natural y una disposición aleatoria de los huecos, que tan pronto aparecen rasgados como verticales o cuadrados, y que ni siquiera siguen una lógica en su utilización desde el interior (algunas de ellas se sitúan incluso por encima de la vista). Este recurso compositivo aleatorio aparece también utilizado en la lámina de hormigón que es suelo del patio y cubierta del gimnasio, mediante unos pequeños lucernarios de forma circular.[+]


Obra
Escuela Altamira, Santiago de Chile. 

Arquitecto
Mathias Klotz. 

Colaboradores
Carolina del Campo, Pilar Calderón, Elodie Fulton, Rodrigo Duque, Enzo Valladares. 

Contratista
NDS Builders. 

Fotos
Alberto Piovano.