Cathedral of Los Angeles, Los Angeles
Rafael Moneo 

Cathedral of Los Angeles, Los Angeles

Rafael Moneo 


Cuando al comenzar a pensar en la catedral procuraba recordar en qué arquitecturas modernas se sentía la presencia de lo sagrado, el cementerio de Asplund o la iglesia en Turku de Erik Briyggman venían a mi memoria. Si me viese obligado a declarar qué veo en común entre las iglesias de Bryggmann y Le Corbusier, sí diría que lo que las asemeja es la importancia que en ambas tiene la luz. Y así diré que entiendo la luz como la protagonista de un espacio que pretende recuperar el sentido de lo ‘transcendente’ y presentarse como sentido de lo sublime. De ahí que para mí sea la luz el vehículo que nos ha de conducir a la experiencia de aquello a lo que llamamos ‘sagrado’, y juegue un papel primordial en la catedral. Por un lado, la luz reflejada por las capillas, que la han captado en los amplios ventanales, nos orienta en los caminos de los deambulatorios que conducen a la nave; esta luz no es muy diversa de aquélla que encontramos en las iglesias románicas. Por otro, la luz filtrada a través del alabastro crea una atmósfera luminosa, difusa y envolvente, en la que flota lo construido, confiando en hacernos vivir una experiencia del espacio próxima a la que tuvimos en algunas iglesias bizantinas. Por último, la vidriera-cruz que preside el ábside entiende la luz como metáfora mística de una presencia de Dios que se manifiesta en los rayos de sol que a través de ella nos llegan. No sería difícil asimilar este tipo de experiencia arquitectónica a alguna de las utilizadas por los arquitectos del Barroco.

Modelar el rito

El emplazamiento de la nueva catedral se encuentra en el corazón de la ciudad, en una calzada lateral de la autopista de Hollywood, una de las principales arterias de la metrópolis. Ligeramente sobreelevada, la parcela domina sus alrededores, resaltando el protagonismo del conjunto como hito urbano y centro espiritual. Una explanada para grandes congregaciones de más de seis mil personas ocupa el centro del lugar, con los volúmenes construidos situados en sus extremos y conectados entre sí por medio de columnatas que definen los bordes de la plaza. La catedral ocupa el sector más alto, con su fachada frontal en un ligero ángulo con el eje longitudinal de la parcela. El campanario se eleva en la esquina, separado de la iglesia por un claustro trapezoidal que se proyecta hacia la explanada en forma de estanque triangular bordeado de palmeras. En el extremo opuesto de la parcela se encuentra la residencia del obispo y los servicios de la archidiócesis, en forma de dos volúmenes que se subordinan a la masa escultórica del templo. El centro visual del espacio exterior es la cruz franciscana tallada en el lucernario de alabastro de la fachada de la catedral. La franja transversal de la cruz se sitúa paralela al alero de la cubierta superior, que sobresale como un visor. Esta proyección de la cubierta hacia delante y su caída perpendicular hacia un lado convierten la fachada principal de la iglesia en telón de fondo para ceremonias al aire libre, de forma que la misma cruz preside tanto los altares interiores como exteriores.

A la catedral se accede directamente desde la explanada, a través de los portales laterales, que conducen a un corredor perimetral separado del ámbito de la nave por capillas orientadas hacia aquél. Así resulta en un espacio central menos abarrotado en el que pueden tener lugar varios actos religiosos a la vez. La sección muestra cómo el portal de Temple Street da acceso a una galería que recibe la luz reflejada en las capillas. El largo muro exterior no presenta huecos, queda reservado para la instalación de placas de piedra, inscripciones y ofrendas votivas que mantendrán viva la historia de la catedral. Entre las capillas se puede vislumbrar el espacio de la nave. Al oeste, frente al presbiterio, se encuentra la pila bautismal. Se puede salir a Grand Street o al claustro directamente desde el baptisterio. El corredor del lateral norte asume un carácter diferente, ya que las capillas se orientan hacia el jardín del claustro y las pone en contacto con la naturaleza y el paisaje de Los Ángeles.

La nave, con capacidad para dos mil fieles, el altar principal y, junto a éste, el púlpito flanqueado por gradas de asientos, ocupan la banda central longitudinal de la catedral. Un ventanal con una cruz domina el área del altar, y las connotaciones religiosas de la luz se ven reforzadas por la inclinación de los techos. El coro se dispone junto al altar, desplazado hacia la parte de atrás del antealtar en una caja abierta, sobrevolada por el órgano. Las superficies no opacas situadas detrás del órgano están formadas por lamas también de alabastro, creando un segundo centro de luz filtrada en el área del altar. Los grandes huecos de la fachada lateral de la nave presentan lamas similares...[+]


Obra
Catedral de Nuestra Señora de los Ángeles, Los Ángeles, California.  

Cliente
Archidiócesis de Los Ángeles, cardenal Roger Mahony.

Arquitecto
Rafael Moneo.  

Colaboradores
Hayden Salter, David Campbell, Alberto Nicolau, Lori Bruns, Mariano Molina, Chistoph Schmid; Leo A Daly (arquitecto asociado); Richard Vosko (consultor arte litúrgico); Campbell & Campbell (paisajismo); Nabih Youssef (estructura); Ove Arup (instalaciones).  

Contratista
Morley Construction.  

Fotos
Duccio Malagamba.