Guardando Barcelona desde su extremo sur, la montaña de Montjuïc ha actuado como soporte físico de los acontecimientos más significativos de la ciudad en el último siglo; escenario de las arquitecturas reproducidas para el Pueblo Español en el contexto de la Exposición Universal de 1929, los Juegos Olímpicos de 1992 consolidaron esta cima como una suerte de acrópolis deportiva coronada por el Palau Sant Jordi de Isozaki, la torre de comunicaciones de Calatrava y el antiguo estadio remodelado por Gregotti, Correa y Milá para la ocasión. Continuando con la tradición expositiva —apoyada también por edificios como la fundación Miró o el museo arqueológico— se ha reservado en su vertiente norte un recinto de 15 hectáreas como sede del jardín botánico que, además de los contenidos científicos y pedagógicos de rigor, pondrá a disposición de los barceloneses uno de los mayores espacios verdes de la metrópolis.

Evitando convertir el jardín en una adición filatélica de cuadros florales, se buscó desde un principio ligar lo expuesto en un discurso único. El proyecto se sirvió así de una estrategia de triangulación—inspirada en técnicas propias de la agrimensura—que se reveló como un instrumento útil tanto para domar la fuerte topografía del terreno como para conferir al conjunto la unidad deseada. Las direcciones de esta malla se adaptan a las impuestas por las curvas de nivel, de manera que cada triángulo cuenta con dos vértices a la misma altura y una extensión que varía en función de la pendiente, mínimizando el movimiento de tierras. Esta geometría impuesta racionaliza a su vez las redes de drenaje y riego, y dota al territorio de un sistema jerarquizado de caminos que ofrece al visitante itinerarios de distinto interés botánico.

Una malla triangular fue la referencia geométrica elegida para organizar las plantaciones, distribuir la red de riego, y trazar recorridos siguiendo las direcciones más favorables de la topografía existente.

La estructura resultante se fractura para asumir las necesidades de asoleo y afinidad de unas especies con otras, apoyándose en un conjunto de muros cóncavos y convexos de acero cortén. Agrupadas en unidades fitogeográficas, las plantaciones se distribuyen de forma radial: al noroeste la flora de Canarias, al sureste la de regiones homoclimáticas a la nuestra como Chile y California, reservandose la zona central a las especies de la Península Ibérica. Unas glorietas en los puntos nodales de la malla, provistas de pérgolas y sillas, permiten contemplar este mosaico vegetal como un museo extendido entre el edificio de acceso y el bloque que en un futuro albergará el instituto del C.S.I.C.. Irregular y fragmentada, la diversidad vegetal del planeta ha quedado atrapada aquí en las redes de Mandelbrot.[+][+]


Arquitecto(s)

Carlos Ferrater, Bet Figueras, Josep Lluís Canosa

Cliente Client
Ayuntamiento de Barcelona

Autores Authors
Carlos Ferrater, José Luis Canosa (arquitectos architects); Bet Figueras(paisajista landscape designer

Colaboradores Collaborators
Proyectos urbanos, Ayuntamiento de Barcelona 

Consultores Consultants
Josep Montserrat, Joan Pedrola (asesoría botánica botanical consultant);Taller dÉnginyeries (ingeniería engineering

Contratista Contractor
Stachys

Fotos Photos
TAVISA (foto aérea), Alejo Bagué