Instituto Botánico, Barcelona
Carlos Ferrater 

Instituto Botánico, Barcelona

Carlos Ferrater 


En la montaña de Montjuïc, junto al Anillo Olímpico y con espléndidas vistas sobre la Ciudad Condal se construyó en 2000 el Jardín Botánico, una malla triangular de caminos de hormigón y muros de acero cortén, cóncavos y convexos, que visten la ladera norte. Ahora se ha levantado en su punto más alto el Instituto Botánico, un edificio para el Consejo Superior de Investigaciones Científicas que comparte con el jardín no sólo las vistas, sino también los materiales empleados.

Coronando el Jardín Botánico, estas nuevas dependencias dedicadas a la investigación se instalan en la ladera a modo de mirador, rematando con el gesto contundente del porche la malla de paseos que recorren el parque.

El nuevo volumen, un prisma horizontal a caballo entre dos cotas, vuelca sobre el ala noroeste del jardín, poblada por especies mediterráneas y del norte de África. Su sección semienterrada en la pendiente permite organizar las distintas partes del programa con accesos independientes desde la calle posterior y desde los paseos que recorren el parque.

Una caja de hormigón ancla el edificio a la mon-taña, actuando como gran contenedor —con una climatización específica— para los depósitos de plantas y de libros, y para el gran herbario. El cuarto de instalaciones y una pequeña zona de trabajo completan el nivel inferior, subterráneo, que se ilumina y ventila por medio de dos patios ganados a la caja en los dos extremos, por los que sendas escaleras conducen directamente al exterior. Este vaso actúa como contrapeso estructural del mecanismo que sostiene las plantas superiores: desde aquí parten, modulados cada seis metros, las pantallas, los muros y las jácenas de hormigón que terminan sobrepasando la cubierta en la última planta. En el nivel intermedio, un paño corrido de vidrio transparente, desprovisto de montantes verticales a lo largo de la fachada y retranqueado en tres puntos, encierra un espacio dedicado a las exposiciones y la cafetería-restaurante, además de la sala polivalente y un museo. El pavimento de cuarcita negra se prolonga más allá del vidrio para cualificar una plataforma cubierta que recibe a los visitantes.

En el último nivel el uso se restringe al personal y los científicos del Consejo: la biblioteca, las zonas de investigación y los laboratorios, así como el área de administración, se distribuyen en una caja de acero cortén extraída de la fachada y suavemente ‘desplazada’ hacia el exterior. Dentro, las dependencias se han organizado en dos bandas longitudinales: la más próxima al jardín, diáfana y resuelta con pilares forrados de madera de abedul, se ilumina a través de los huecos modulados a lo largo de toda la fachada por la carpintería de iroko; la otra, hacia la pendiente y compartimentada por los muros de hormigón que atraviesan el edificio, recibe tam-bién la luz del sur a través de finas ventanas ganadas al hormigón por encima de la caja.


Cliente Client

CSIC, Ayuntamiento de Barcelona 

Arquitecto Architect

Carlos Ferrater

Colaboradores Collaborators 

Joan Guibernau, Elena Mateu

Contratista Contractor 

Contratas y Obras

Fotos Photos

Alejo Bagué