Cementerio civil, Fisterra
César Portela 

Cementerio civil, Fisterra

César Portela 


La topografía y la toponimia parecen unirse en Finisterre para definir un lugar predestinado a ser escenario del duelo. En este cabo de la Costa de la Muerte —allí donde los romanos pensaron que el mundo llegaba físicamente a su fin— un paraje expuesto a las tempestades fue elegido por la corporación municipal para implantar el nuevo cementerio civil de la localidad de Fisterra. Frente a la idea de necrópolis como recinto, como límite que segrega un dentro de un fuera, el proyecto propone acercar la muerte a los escenarios de la vida cotidiana, más allá del día de Difuntos. El cementerio es ante todo una red de senderos que se extiende por el acantilado, carente de cierre y con la presencia continua del mar como telón de fondo.

Frente a la idea de necrópolis como recinto cerrado, el cementerio de Fisterra propone acercar la muerte a la vida cotidiana, instalándose a lo largo de la red de senderos que se extiende por el acantilado.

Así, un conjunto fragmentado de pequeñas edificaciones entra en diálogo con el horizonte , disponiéndose en torno y a lo largo de los caminos recuperados que llevan del pueblo a los molinos donde las mujeres solían lavar en otro tiempo la ropa. Las referencias del medio físico que jalonaban los antiguos enterramientos celtas —el mar, el río, la montaña y el cielo— forman un límite apenas tangible que sustituye el tradicional muro del perímetro. La imagen del espacio funerario será la de un ruario, una vereda que baja del monte al borde mismo del océano. A la configuración orgánica del terreno se contrapone la geometría platónica de los cubos que agrupan los nichos. Para evitar la realización de grandes desmontes, estos cajones rocosos de perfil aristado se disponen de forma libre, como si al rodar ladera abajo hubieran encontrado un remanso en el que detenerse. Los senderos serpentean entre ellos dibujando una topografía de bancales, muretes y plazoletas para la contemplación y el descanso. Como en la via sepulcrae de Pompeya, los cuerpos se inhuman en arquitecturas al borde del camino, fuera ya de la ciudad.

Formados por lajas de granito gris de Mondariz, los cubos de nichos se separan del suelo evocando la arquitectura del hórreo. Una escalera de hormigón es el único umbral que media entre el camino y la tumba.

La definición constructiva de estos módulos incide en la doble identificación de la tumba con formas primarias como la roca y la casa. Formados por unión de grandes piezas de granito gris de Mondáriz, los cubos aparecen semienterrados hacia la ladera, ampliando en terrazas regulares la senda de tierra que vertebra el cementerio-itinerario. El frente que se abre al mar aparece por el contrario ligeramente despegado del suelo, en una posible abstracción del hórreo y otras edificaciones de la tradición gallega. Una breve escalera —moldeada en hormigón— se antepone a cada edículo como un umbral, interponiéndose como el único obstáculo que separa a los que pasean de los que lloran.

Los nichos se agrupan en cubos de granito que desde el mar se presentan como casas vacías, mientras desde la cima parecen ser parte integrante de la ladera rocosa, ampliando el camino con miradores.


Arquitecto(s)

César Portela

Cliente Client

Concello de Fisterra, Diputación de La Coruña

 Arquitecto Architect

César Portela

Colaborador Collaborator 

Miguel Ángel Rodríguez (aparejador quantity surveyor)

Contratista Contractor 

Construcciones Ponciano Nieto