Casa Laminata, Leerdam

Paul Van der Erve  Gerard Kruunenberg 


Jorge Sainz

La casa de cristal sigue siendo un sueño casi imposible que muchos arquitectos se afanan por hacer realidad. El último experimento es esta casa Laminata, construida por los holandeses Gerard Kruunenberg y Paul van der Erve, en la que el vidrio se ha usado de un modo novedoso y sorprendente: como una masa espesa y translúcida, y no —lo que suele ser más habitual— como una membrana delgada y transparente.

El origen del proyecto es un concurso convocado en 1995 por la empresa municipal de la vivienda de Leerdam (CWL). Esta ciudad es la auténtica ‘capital del vidrio’ de los Países Bajos: hay un museo nacional dedicado a este material, se celebran regularmente simposios sobre sus aplicaciones artísticas y tecnológicas, y de sus fábricas salen los productos más innovadores. Por todo ello no es de extrañar que el tema del concurso residencial fuese precisamente ‘la casa de cristal’, y que en sus bases se especificase que los proyectos habían de tener en cuenta tanto las innovaciones basadas en las propiedades estructurales del vidrio como, sobre todo, las posibilidades de sus características ópticas.

Kruunenberg y Van der Erve ganaron el concurso con una propuesta que se centraba, curiosamente, en la ambigüedad que puede presentar el vidrio al ser tratado como un material transparente y macizo al mismo tiempo. La idea fundamental del proyecto consistía en una casa concebida como dos cuerpos compactos de vidrio en los que se ‘excavaban’ algunas habitaciones, y que dejaban entre sí una amplia loncha de espacio para las salas comunes.

Pero entre el proyecto y la realización transcurrieron cinco años que hubieron de dedicarse al estudio de este nuevo tratamiento del material. Dichos estudios corrieron a cargo de la organización holandesa para la investigación científica aplicada (TNO) y de la firma Saint-Gobain, que con ello se aseguró la producción de las 13.000 hojas de vidrio que habrían de componer el conjunto definitivo.

El resultado final es un edificio de planta rectangular y dos niveles, de los cuales el inferior queda semienterrado. El esquema es simple, aunque la distribución no es convencional: el rectángulo está dividido a lo largo en tres bandas, dos anchas y una estrecha, ésta situada en uno de los lados. Las dos plantas están unidas verticalmente mediante un patio cuadrado colocado en la crujía intermedia, al que está adosada la escalera que comunica los dos niveles. La distribución funcional se organiza en las tres bandas: la más estrecha contiene tan sólo un largo corredor que termina en un aseo, tanto en la planta inferior como en la superior; la banda central es una secuencia de espacios que incluye el vestíbulo, el patio y el salón-comedor-cocina en la planta superior, espacios que se repiten en el nivel inferior, el mayor de ellos etiquetado como ‘taller’; la banda ancha lateral alberga en la planta alta un estudio y dos dormitorios, con sus baños y un vestidor, y en la planta baja el garaje, el lavadero y otro taller.

Pero la mayor diferencia conceptual entre las dos plantas no es simplemente funcional, sino técnica y compositiva. Mientras que las paredes de la planta inferior presentan un grosor constante, las de la superior están modeladas con planos oblicuos y sesgados que contribuyen a crear la sensación de que los espacios interiores están tallados en la masa continua del vidrio. El dibujo de la planta presenta incluso ese aspecto de poché que tenían los proyectos académicos decimonónicos, en los que las formas del espacio interior y la masa exterior no eran complementarias. Y es precisamente en esta idea del cristal como masa y no como superficie donde radica la mayor originalidad del edificio. Los gruesos muros están compuestos por láminas verticales de vidrio, encoladas con un pegamento de dos componentes que convierte el conjunto en un material tan resistente como el hormigón. Así se han conseguido esas sugerentes imágenes que nos muestran las fotografías: unas superficies verdosas, translúcidas y con una textura vertical que revela su composición constructiva.

Ilustres precedentes
Naturalmente, estos muros macizos de vidrio han planteado considerables dificultades tanto en lo relativo a las instalaciones como en el aspecto del bienestar ambiental. Las soluciones han sido también innovadoras: la instalación eléctrica está integrada en los forjados y es fundamentalmente inalámbrica; la calefacción es de suelo radiante, y el grosor de las paredes exteriores se ha calculado para evitar tanto las pérdidas invernales como las ganancias veraniegas debidas al efecto invernadero. Obviamente la iluminación es más que suficiente, pero tal vez los problemas vengan por la dificultad de oscurecer a voluntad algunos espacios más íntimos, como los dormitorios. La acústica también será problemática, sobre todo si se quiere mantener la imagen visual de las paredes de vidrio. Y finalmente, será imposible colgar un cuadro, al menos de manera convencional (o sea, con un clavo), algo que recuerda inevitablemente a la pureza intocable de otra célebre casa de cristal: la Farnsworth, de Mies van der Rohe, construida hacia 1950.

Pero no es la casa Farnsworth la referencia más adecuada para esta casa Laminata. Aunque volumétricamente podría decirse que son similares, conceptualmente son completamente distintas. La casa de cristal de Mies —al igual que la réplica coetánea construida por Philip Johnson—pone el énfasis en la continuidad física y visual que proporciona una ligerísima envoltura vertical de grandes planos de vidrio transparente. La casa Laminata, sobre todo desde el interior, realza la masa vítrea como algo espeso y translúcido, una masa que nos separa claramente del exterior al tiempo que deja pasar una luminosidad matizada y continua, una calidad de luz que nunca antes se había experimentado en las cuatro paredes de un espacio.

Todos estos rasgos apuntan a otra referencia fundamental de la arquitectura de cristal: la Maison de Verre, la casa de vidrio por definición, construida hacia 1930 por Pierre Chareau y Bernard Bijvoet. En este caso, también las paredes de pavés constituyen un límite denso y translúcido que relaciona el interior y el exterior mediante la luminosidad continua y difusa que proporciona el extenso paño cristalino.

La catedral gótica era la ‘casa de Dios’, y la luminosidad cargada de cromatismo contribuía a realzar la imagen sobrenatural de un espacio interior casi mágico. El invernadero decimonónico acabó convirtiéndose en la ‘casa del progreso’, en la que los nuevos materiales proporcionaban cobijo bajo una delicada piel casi inmaterial. Pero sin duda fueron las fantasías expresionistas —sobre todo las dibujadas por Bruno Taut durante la I Guerra Mundial—las que convirtieron el vidrio en un elemento simbólico imprescindible para las arquitecturas más innovadoras, un elemento del que se exaltaba no sólo la transparencia, sino todas sus cualidades específicas: la reflexión, la refracción, el colorido y el carácter cristalino. Desde entonces, los intentos por construir esa ‘casa de cristal’ no han dejado de sucederse con regularidad y diversa fortuna, lo que ha contribuido a poner de manifiesto las limitaciones reales de un material ideal.

La casa Laminata es un eslabón más en esa cadena de experimentos que han llevado el uso del vidrio hasta sus últimas consecuencias. Probablemente su carácter radical hará de ella un hogar poco habitable, pero las investigaciones realizadas para su construcción servirán para hacer avanzar un paso más la tecnología de un material ligado desde siempre a la idea de vanguardia...[+]


Obra
Casa Laminata, Leerdam, Países Bajos. 

Cliente
Cooperativa de Vivienda de Leerdam CWL. 

Arquitectos
Gerard Kruunenberg, Paul Van der Erve. 

Consultores
Sain-Gobain y TNO [Organización Holandesa para la Investigación Científica Aplicada] (acristalamiento); Van Rijn (estructura). 

Contratistas
Radix & Veerman; Saint-Gobain (vidrio). 

Fotos
Luuk Kramer.