Casa Boenders, San Antonio

Martínez Lapeña & Elías Torres 


Esta casa iba a ser construida por Erwin Broner, un arquitecto y pintor alemán bohemio y vital que encontró en la isla de Ibiza su jardín de las Hespérides y lo pobló de cúbicas cajas blancas ahijadas del Le Corbusier más mediterráneo y de los pioneros de la modernidad que, como él, desembarcaron en California en la década de los treinta. Su muerte a principios de los años setenta paralizó el encargo, que llegaría más de un lustro después y de la mano de la mujer de Broner, Gisela, a Elias Torres y José Antonio Martínez Lapeña. La pareja, a quienes Rafael Moneo contagió el gusto por la cultura histórica, representa a una generación de arquitectos catalanes sensibles a las raíces mediterráneas vernáculas que en su día inspiraron el Movimiento Moderno.

Situada en un bosque de pinos carrascos y sobre una suave ladera bien orientada, la casa se organiza entre una serie de planos perpendiculares a la pendiente y ordenados según la topografía. Las extensiones ajardinadas que la bordean se apoyan sobre bancales construidos a ras de las curvas de nivel. Sin embargo, los interiores y la terraza a la que asoman mantienen una cota prácticamente uniforme, elevados sobre un basamento por encima de las copas de los árboles para proporcionar vistas espléndidas sobre la bahía de San Antonio.

Tres bandas articulan funcionalmente la casa: una para el garaje, la cocina y el comedor, con su extensión al aire libre; otra para los dormitorios; y otra para el estar. La continuidad de los planos horizontales en las estancias interiores refuerza el juego plástico de sus paredes blancas, que discurren discontinuas y juguetonas entre los rojos del suelo cerámico y de los techos ritmados por los pares de cubierta, y dejan escapar entre sus recortes la vista hacia el paisaje. Puertas correderas en celosía de madera y persianas regulables gradúan la permeabilidad entre interior y exterior.

Fuera de la casa el planteamiento se invierte: unos pavimentos de evocación islámico-scarpiana se superponen como alfombras a la construcción muda de muros y forjados; y una esquemática perfilería de aire escandinavo sirve de soporte para los sofisticados palios que protegen del sol la terraza. Unos metros más abajo, y comunicadas por un par de escaleras tangentes que aligeran con sus saltos el zócalo de la casa, se disponen unas plataformas de composición neoplástica reflejadas sobre la superficie de la piscina de borde libre, cuyas aguas se funden con el paisaje próximo...[+]