Opinión 

La soledad de la lectura

El espacio sensible de las bibliotecas

María Luisa López-Vidriero 
31/12/2010


Lugares como Oxford no dejan espacio a la anticipación de un nuevo cosmos arquitectónico para la lectura de los libros.

Ligada a formas materiales específicas, exigentes y dadivosas —libros impresos o manuscritos, documentos, grabados y dibujos, mapas, partituras y un sinfín de elementos no librarios no obstante legibles—, la articulación de las bibliotecas oxonienses es la representación de un determinado acceso al conocimiento que a lo largo de los siglos ha permanecido idéntico en sus claves esenciales. La Radcliffe Camera es su mejor metáfora.

En su palladianismo y circularidad se pueden reconocer, más allá de su valor alegórico, un deseo ilustrado de verosimilitud a través de una forma, si no nueva en el momento de su construcción, poco común en los edificios destinados a contener las fuentes del saber. En su magnífica insularidad, el edificio de Gibbs se impone como una reflexión sobre la topología del conocimiento y, por eso, no puede dejar de interpretarse como un elemento simbólico, poético y también político...

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