Two Houses, Zurich

Gigon Guyer Architects 


Mirando sobre la ciudad de Zúrich, una ladera que en otro tiempo estuvo sembrada de árboles frutales —de los que aún se conservan algunos ejemplares— es el privilegiado asentamiento de dos edificios residenciales que sin renunciar a la singularidad, huyen de ser ejercicios de sastrería ajustados a la vida —en este momento y en este lugar— de sus actuales residentes. Partiendo de la volumetría cúbica de las villas que durante la primera mitad del siglo fueron formando el barrio, las dos casas establecen un diálogo en paralelo que se apoya tanto en sus diferencias como en sus puntos de convergencia. En ambas, el acceso desde la calle tiene lugar desde la cota más alta del solar, mediante un paso rodado en rampa con amplitud suficiente para el estacionamiento de vehículos; de esta manera cada casa presenta dos plantas sobre la rasante de la calle y otras dos por debajo, que disfrutan sin embargo de vistas exteriores en tres de sus frentes gracias a la fuerte pendiente del terreno.

Flexibilidad específica
La flexibilidad orientó la composición en planta desde los primeros bocetos. Así, cada uno de los bloques es susceptible de ser vivido como un gran caserón, de ser subdividido en dos dúplex casi iguales o incluso de segregar tan sólo un pequeño apartamento de alquiler en el nivel inferior, al que se accede por la escalera exterior que acompaña la pendiente del terreno. Particiones adicionales han sido previstas para permitir distribuciones acordes con estilos de vida que pudieran no haber sido contemplados en proyecto. En aras de esta diversidad, la distribución de las habitaciones varía en cada edificio; la casa A cuenta con una escalera adosada al testero sur que recorre toda la altura y otra en el testero opuesto que sirve exclusivamente a los dos niveles inferiores, mientras la casa B se ordena en tomo a un núcleo central de comunicación. Este juego sutil de semejanzas y diferencias se lleva igualmente a la definición volumétrica; partiendo de paralelepípedos de dimensiones parecidas —a los que se sustraen sendos prismas en los frentes este y oeste para formar las terrazas de la planta alta— , las casas se distinguen mediante pequeños cuerpos añadidos a la cubierta en distintos puntos y cambios en el ritmo de los huecos de fachada, perceptibles tan sólo tras una observación detallada.

Como piezas sin terminar, que esperan la llegada de un habitante específico para adoptar su aspecto definitivo, las casas se acaban exteriormente en enfoscado sin pintar aplicado con escoba directamente sobre el aislante térmico. Sobre la superficie texturada así conseguida se superponen las ventanas —de gran formato y marco metálico lacado en negro— , cuya ordenación ligeramente desalineada escapa de la rigidez cartesiana desde la que se plantea el conjunto. Como grandes instrumentos ópticos de observación, estos elementos se agolpan en la fachada oeste para disfrutar de las vistas de la ciudad y se abren con menor profusión en los demás alzados, allí donde las miradas de los vecinos pueden interferir con la intimidad doméstica. En una aplicación sin concesiones de los principios que rigen el conjunto, los paramentos interiores se enlucen pero no se pintan, mientras unos paneles deslizantes de DM permiten modificar las relaciones entre las estancias de acuerdo con las necesidades de cada momento. Los huecos que dan a las terrazas se enmarcan en paños de aluminio que establecen un diálogo con los paneles de madera lacada en colores vivos que identifican desde la distancia las puertas de entrada. La propuesta cromática es fruto de la colaboración con el artista Harald F. Müller, que también intervino en los interiores de la cabina de señalización ferroviaria.

El jardín, por su parte, es un intento de restituir el carácter de los Schrebergárten —los huertos de autoabastecimiento— que en otro tiempo identificaron esta loma. Siguiendo una propuesta de Dieter Kienast y Thomas Steinmann, se sembraron distintos tipos de herbáceas entre árboles frutales, fijándose las zonas de mayor pendiente, al oeste de la parcela, con arbustos de avellano y zarzamora que prolongan en el solar el montebajo de la zona.[+]


Obra
Dos edificios residenciales, Zúrich. 

Arquitectos
Annette Gigon y Mike Guyer. 

Colaborador
Michael Widrig. 

Consultores
Dieter Kienast y Thomas Steinmann (paisajismo); Harald F. Müller (color). 

Fotos
Heinrich Helfenstein.