La arquitectura de urgencia que toda vía de comunicación nacional sirve a su paso — a caballo entre el ejercicio costumbrista y el experimento venturiano— pertenece inexorablemente como tipo el motel de carretera. Huyendo de este estereotipo se plantea el nuevo hotel en el Centro Integrado de Transportes de Irún, espectador pasivo del intenso tráfico de camiones que une la península con Europa. La parcela de la actuación aparece rodeada de grandes áreas de aparcamiento para satisfacer la demanda de los 5000 vehículos que transitan diariamente por este punto de la frontera hispano-francesa. Planteado como el primero de una serie, el hotel será repetido en emplazamientos de características parecidas repartidos por toda la geografía española.

La imagen nítida y repetible de este hotel junto a la carretera se confía a un entramado regular de madera laminada que ordena la envolvente de vidrio translúcido y paneles de celulosa-cemento.

La parcela rectangular que definía la superficie edificable en planta llevó a abordar el proyecto como un prisma sobre el que se lleva a cabo una operación de vaciado. Sendos volúmenes se extraen en los pisos superiores para iluminar la caja de escaleras y el pequeño remanso en que termina el pasillo de habitaciones. La imagen serena que verá el viajero a este margen de la carretera se confía a un entramado de madera laminada que envuelve el edificio a intervalos constantes. Los huecos de fachada se inscriben dentro de este marco geométrico, cuyo módulo se impone también a los paños de vidrio translúcido que cierran los elementos de circulación. El tono lechoso de las piezas de celulosa-cemento que forman los tramos opacos permite leer la envolvente como un volumen continuo y su construcción se plantea como un sistema postventilado que evita la aparición de puentes térmicos.

En planta baja, el hotel ocupa toda la superficie disponible, estableciendo en su interior una relación continua entre el vestíbulo, la recepción, la cafetería y el restaurante. Las 50 habitaciones que ofrece se distribuyen entre los dos pisos superiores y en su diseño se ha intentado huir del entorno anónimo e impersonal que estos establecimientos suelen ofrecer. El tono naranja de la moqueta y el contrachapado de abedul del mobiliario definen un ámbito cálido que prescinde de lujos innecesarios. Con este último material se han realizado también las contraventanas que regulan la luz desde el interior, evi-tando los problemas de estanqueidad al aire y al ruido que presentan los capialzados de las persianas tradicionales. En este ambiente sin estridencias, tan sólo las fotos en blanco y negro que cuelgan de las paredes y aluden al tema del transporte nos recuerdan que se trata de un alojamiento pasajero, ni más ni menos que un hotel de carretera.


Arquitecto(s)

Miguel Ángel Campo, Roberto Ercilla

Cliente Client

Eurotir Hoteles

Arquitectos Architects

Roberto Ercilla, Miguel Ángel Campo 

Colaboradores Collaborators

Javier Valdivieso, José Antonio de la Fuente, Luis María Tobalina (aparejadores quantity surveyors)

Consultor Consultant

Eduardo Martín (estructura structure

Fotos Photos

César San Millán