El diseño del colegio responde a la idea de crear un entorno arquitectónico adecuado para la formación y experimentación de los niños, en consonancia con el método pedagógico Reggio Emilia que considera el espacio como un agente educador más.

El proyecto se concibe como una agrupación de espacios heterogéneos que permiten condiciones ambientales y espaciales muy diversas, hasta formar un ecosistema que obliga a los estudiantes a la toma de decisiones ante cambios y oportunidades inesperadas.

Los distintos ambientes huyen de la regularidad y estandarización habitual de las arquitecturas educativas, para crear un «multiverso» en el que las diferentes zonas —aulas, laboratorios, patios, etc.— son fácilmente legibles e identificables por el usuario.

El acceso se realiza a través de un expresivo puente en rampa que conecta directamente con los espacios de encuentro: el ágora central, al mismo tiempo gimnasio, teatro o zona de asamblea; y la logia exterior, un espacio cubierto de recreo.

Las clases para los estudiantes de mayor edad se distribuyen en los niveles superiores, en una suerte de pequeño pueblo, entorno al bosque interior. Esta distribución en vertical refleja un proceso continuo de crecimiento y madurez para explorar el espacio.