Opinión 

DeepSeek, otro Sputnik

La carrera por la inteligencia artificial

Opinión 

DeepSeek, otro Sputnik

La carrera por la inteligencia artificial

Luis Fernández-Galiano 
01/03/2025


Si la puesta en órbita del satélite artificial Sputnik el 4 de octubre de 1957 abrió la carrera espacial entre la Unión Soviética y los Estados Unidos, el lanzamiento del modelo R1 de la inteligencia artificial generativa DeepSeek el 27 de enero de 2025 abre la carrera ciberespacial entre China y los mismos Estados Unidos. El inversor tecnológico Marc Andreessen fue el primero en señalar que el shock DeepSeek marcaba un ‘momento Sputnik’, y su diagnóstico se ha reiterado por doquier. Una semana después de la toma de posesión de Donald Trump, y a los pocos días de que el recién investido presidente anunciase la inversión de 500.000 millones de dólares en IA a través de la alianza Stargate, la aparición de la última versión de DeepSeek —un modelo de código abierto, desarrollado con limitada inversión económica y que requiere un coste energético significativamente inferior al de las herramientas existentes— produjo un terremoto bursátil, con pérdidas de 1,5 billones de dólares en el Nasdaq y el desplome de Nvidia, la empresa más valiosa del mundo, que sufrió un retroceso de 600.000 millones, la mayor destrucción de valor en un día de la historia.

Nvidia, fundada en 1993 por Jen-Hsun Huang, un inmigrante taiwanés que tras formarse en Oregón y Stanford transformó la arquitectura de los microprocesadores, domina hoy la producción de procesadores GPU, que son los usados en el entrenamiento de los modelos de IA, y eso explica su pérdida de valor ante el surgimiento de un algoritmo que requiere un poder computacional mucho menor. Pero también experimentan pérdidas las empresas proveedoras de energía e infraestructura de centros de datos, porque el modelo desarrollado por el joven ingeniero Liang Wenfeng en ese extraordinario laboratorio chino de startups que es Hangzhou requiere mucha menos energía y agua para la refrigeración de los procesadores que la IA tradicional, cuyos riesgos ambientales han causado alarma en todos los territorios —incluido el nuestro— que se han abierto a la construcción febril de esas colosales naves donde se procesa la información. DeepSeek puede ser, además de un modelo lowcost que democratiza la inteligencia artificial, una herramienta con menor impacto ecológico y un estímulo para futuros desarrollos donde el talento sea más importante que la financiación.

El impacto de la humillación sufrida por Silicon Valley y los oligarcas tecnológicos —Jeff Bezos de Amazon, Mark Zuckerberg de Meta, Tim Cook de Apple, Sundar Pichai de Google, Sam Altman de OpenAI o Shou Zi Chew de TikTok— que, encabezados por Elon Musk, han cerrado filas detrás de Trump tiene su principal dimensión geopolítica en la pugna por la primacía científica, económica y política entre China y Estados Unidos, pero abre un espacio de oportunidad para una Europa que se veía relegada en el desarrollo de la inteligencia artificial, y que quizás ahora puede aguzar el ingenio como han hecho los chinos ante el embargo americano de los microprocesadores de última generación. En su despedida, Joe Biden evocó la de Eisenhower en 1961 al advertir de los riesgos del complejo militar-industrial, y es cierto que el turbocapitalismo de los ‘broligarcas’ arroja sombras sobre el futuro de la IA, pero el impacto de esta tecnología en todas las áreas —desde los laberintos del lenguaje hasta la cartografía espacial de las proteínas— es tan colosal que no podemos sino entregarnos al tsunami de su desarrollo. En Arquitectura Viva hemos formulado las mismas preguntas a DeepSeek y ChatGPT, y la inteligencia articulada de sus diferentes respuestas nos causan más admiración que recelo: si el Sputnik provocó una competencia en el espacio con múltiples frutos tecnológicos en la Tierra, la emulación entre los modelos de inteligencia artificial no puede sino prometer deslumbrantes innovaciones en nuestra vida cotidiana.


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