Sociología y economía 

Cambio de clima

El clima político y social de un planeta dividido por la desigualdad tiende a cambiar en un año marcado por los ataques yihadistas y las migraciones masivas.

Luis Fernández-Galiano 
30/04/2016


El año más caluroso de la historia ha marcado un punto de inflexión en el clima político y social del planeta. Por un lado, más de doscientos países han acordado reducir sus emisiones de CO2 ante el colosal desafío que para la humanidad supone el cambio climático; por otro, entre las poblaciones privilegiadas de América y Europa se ha incrementado un sentimiento defensivo que preconiza levantar muros frente a las convulsiones del mundo, que este año tuvieron su epicentro en un Oriente Medio devastado por pugnas geopolíticas y guerras de religión.

Si la Cumbre del Clima celebrada en París constató la necesidad urgente de una gobernanza global, los populismos nacionalistas —estimulados por la barbarie yihadista, que atentó dos veces en la misma ciudad de París, y por el impacto de las migraciones masivas— avanzan con figuras como Donald Trump en Estados Unidos o Marine Le Pen en Francia, y esta doble pulsión deja un sabor agridulce. Por su parte, una economía global más débil ha ralentizado la locomotora china, con un desplome bursátil que repercutió en el resto de los mercados del mundo; ha sacudido el panorama político de una América Latina muy afectada por la caída del precio de las materias primas, debilitando el arco populista bolivariano, de Argentina a Venezuela; y ha creado un escenario difícil para una Europa que no ha sabido abordar de forma colegiada la interminable crisis de Grecia, la amenaza trágica del yihadismo o el conmovedor éxodo de los refugiados sirios, y donde el sensato liderazgo de Merkel se ha visto empañado por el descrédito de la más emblemática empresa germana, Volkswagen.

París, sede de la Cumbre del Clima, sufrió ataques terroristas que suscitaron la solidaridad del mundo, en un año marcado por la crisis de los refugiados, la desigualdad y el auge de activismos como el de los arquitectos de Assemble.  

En España, el denso año electoral (andaluzas en marzo, municipales y autonómicas en mayo, catalanas en septiembre y generales en diciembre) dio como resultado un paisaje político más fragmentado, con la incorporación de partidos nuevos, Podemos y Ciudadanos, con agendas reformistas ante el agotamiento del sistema institucional, socavado por la corrupción y la creciente desigualdad económica, y también una mayor inestabilidad e incertidumbre, agudizada por el desafío del soberanismo catalán al marco constitucional.

Para la arquitectura, el año del descubrimiento de agua en Marte o de la llegada de la sonda ‘New Horizons’ a Plutón —dos logros de la NASA que han llevado a la humanidad hasta sus últimas fronteras— estuvo marcado en lo ominoso por la destrucción deliberada del patrimonio por el Daesh en Irak o Siria, con la dramática voladura de los templos clásicos de Palmira; y en lo afortunado por la inauguración de importantes obras culturales en las dos superpotencias, Estados Unidos (el Museo Whitney de Renzo Piano en Nueva York, las Grace Farms de SANAA en Connecticut o el Museo Broad de Diller Scofidio Renfro en Los Ángeles) y China (la ópera de MAD en Harbin, el Museo Long de Atelier Deshaus en Shanghai o el Museo de Artesanía de Kengo Kuma en Hangzhou).

West 57, BIG
Grace Farms, SANAA
Fondazione Prada, Rem Koolhaas

Entre los edificios del año deben mencionarse las Grace Farms de SANAA, el Museo Broad de Diller Scofidio + Renfro (página anterior), la Fondazione Prada de Rem Koolhaas, o el nuevo Museo Whitney de Renzo Piano. 

Museo Broad, Diller Scofidio Renfro
Museo Whitney, Renzo Piano

Durante el verano la atención estuvo en la conmemoración del 50 aniversario de la muerte de Le Corbusier, que revisaría su trayectoria política durante la etapa de Vichy, y en la Expo de Milán, donde destacaron pabellones como el británico de Buttress y Simmonds, el chileno de Cristián Undurraga o el austriaco de breathe.austria, mientras el español de b720 eligió un perfil bajo, acaso en sintonía con un tiempo de austeridad. En la misma ciudad italiana se abrió con polémica el Museo delle Culture de David Chipperfield —que inauguró una exposición monográfica en el ICO madrileño—, y con satisfacción la Fondazione Prada de Rem Koolhaas, que completó al mismo tiempo con menor aplauso el Museo Garage en Moscú. También objeto de controversia fueron la inauguración de la Filarmónica de París, censurada por su propio autor, Jean Nouvel; y la adjudicación definitiva del estadio olímpico de Tokio a Kengo Kuma, con un proyecto que promete ser más barato que el rechazado de la ganadora del concurso, Zaha Hadid.

Serpentiny Gallery,  Selgas Cano

Dos destacados pabellones  fueron los de Jaque para MoMA PS1 y Selgas Cano para la Serpentine , mientras se completaron la sede del BBVA de Herzog y de Meuron y el auditorio de Torun de Fernando Menis.  

Sede BBVA,  Herzog & de Meuron

Aunque el nuevo clima de la arquitectura se oriente hacia lo artesanal y el activismo (desde el mítico artista y arquitecto chino Ai Weiwei, que inauguró exposición en Londres, los también chinos Wang Shu y Lu Wenyu o el vietnamita Vo Trong Nghia hasta el chileno Alejandro Aravena, nombrado director de la próxima Bienal de Arquitectura de Venecia, o los británicos de Assemble, galardonados con un inesperado premio Turner), las grandes figuras continuaron ofreciendo trabajos singulares: Norman Foster, que cumplió 80 años, inauguró la imponente Ciudad Casa de Gobierno de Buenos Aires para el después elegido presidente de Argentina Mauricio Macri, y la delicada bodega para Château Margaux en Burdeos, mientras desarrolla el visionario proyecto Drones for Africa; o Herzog & de Meuron, que inauguraron el edificio de su propio archivo en Basilea y completaron el nuevo estadio de Burdeos a la vez que se ocupaba su colosal sede para el BBVA en Madrid, apodada ‘La Vela’, un nuevo hito en el perfil de la ciudad.

En Madrid se terminaron también dos obras singulares, la innovadora Fundación Giner de los Ríos, diseñada por Amid.cero9, y el colosal Museo de Colecciones Reales, proyectado en 2002 por Mansilla y Tuñón, y que se abrirá al público en 2016, pero la mayor parte de los logros de la arquitectura española se localizaron fuera del país: Fernando Menis inauguró el largamente esperado Auditorio de Torun en Polonia; Selgas Cano, Andrés Jaque e Izaskun Chinchilla construyeron muy celebrados pabellones en Londres (Serpentine Gallery) y Nueva York (Cosmo para el PS1 del MoMA y Organic Growth para City of Dreams); González Hinz Zabala ganaron el concurso para el Museo de la Bauhaus en Dessau, y Entresitio, con MGP, el Museo Nacional de la Memoria en Bogotá; Barozzi Veiga obtuvieron el premio europeo Mies van der Rohe por su Filarmónica de Szczecin en Polonia; Burgos Garrido, Porras La Casta y Rubio Álvarez-Sala, con el West 8 de Adriaan Geuze, el Veronica Rudge Green Prize de Harvard por el proyecto urbano Madrid Río; y Nieto Sobejano recibieron en Helsinki la Medalla Alvar Aalto por el conjunto de su trayectoria.

Auditorio de Torun,  Fernando Menis

En el capítulo de premios, deben inevitablemente destacarse el Pritzker, que recayó en el alemán Frei Otto poco antes de su fallecimiento; el Praemium Imperiale, que distinguió al francés Dominique Perrault; el oro del RIBA, que fue para los irlandeses O’Donnell y Tuomey; el del AIA, que se otorgó al veterano israelí-canadiense Moshe Safdie; y la medalla de Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España, que se repartió entre dos escuelas de arquitectura, la ETSAM y la ETSAB, y dos fundaciones, Arquia y Arquitectura y Sociedad.

Y en el año en que esta revista celebró su 30 aniversario, y en el que se conmemoraron los centenarios de Josep Maria Sostres, João Batista Vilanova Artigas o los fotógrafos Ezra Stoller y Juan Pando, también debieron lamentarse las pérdidas del estadounidense Michael Graves, el británico James Gowan, el indio Charles Correa, la francesa Françoise-Hélène Jourda, el mexicano Carlos Mijares, el argentino Rafael Iglesia, el portugués-mozambiqueño Pancho Guedes o nuestros compatriotas Mario Muelas, Antonio Jiménez Torrecillas y José Miguel Iribas, sociólogo del turismo y colaborador inolvidado de esta publicación.


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