El Museo de Bellas Artes de Nancy se creó en 1814, a partir de las incautaciones de la Revolución Francesa. Sus fondos se instalaron en uno de los cuatro pabellones que el arquitecto Emmanuel Héré había construido en el siglo XVIII para Stanislas Leczinsky, duque de Lorraine y suegro de Luis XV, en la Plaza Real de la ciudad, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. En 1829 el museo se trasladó al Ayuntamiento y no volvió a su antigua sede hasta 1936. Jacques y Michel André asociados con su padre, Emile André, uno de los primeros arquitectos de la Escuela de Nancy, proyectaron una primera extensión que nunca llegaría a terminarse.

Esta nueva ampliación, inaugurada a principios de año, ha permitido duplicar la superficie inicial de sus instalaciones (de 4.500 a 9.000 metros cuadrados) con diferentes espacios funcionales de los que el museo carecía o eran insuficientes: salas de exposiciones temporales, un auditorio con 200 localidades, un depósito visitable, una biblioteca, un taller para niños y un centro de documentación abierto al público. Todo ello se aloja en una pieza en L que forma una pequeña plaza ajardinada, bajo la que se sitúa el auditorio.

El proyecto se ha planteado como un diálogo, desde la arquitectura contemporánea, con el edificio existente y el emplazamiento histórico, integrando los vestigios de murallas y fortificaciones de los siglos XV al XVII descubiertos en el curso de las obras. La parte correspondiente a la nueva construcción no es un objeto independiente en sí mismo; queda inscrito en el paisaje urbano mediante una rigurosa estrategia arquitectónica de control de las delicadas características del emplazamiento desde el rechazo de lenguajes historicistas y la afirmación de un vocabulario contemporáneo.

Dos tradiciones
En la arquitectura del museo ha estado presente la tentativa de articular de manera coherente dos tradiciones expresivas de la modernidad, que aquí se combinan para reforzar sus efectos: por un lado, la asociada a la gravedad de Perret o Kahn; y por otro, aquélla más pictórica vinculada a Van Doesburg o El Lissitzky. El proyecto se interesa por la confrontación entre gravedad y desmaterialización: en el exterior, los cubos de granito verde, masivos y terrenos, están flanqueados por pilares de hormigón pulido y son como mástiles que sujetan la vela de hormigón blanco de la fachada. El juego de planos interrumpidos e intersectados, y las losas suspendidas del techo configuran unos interiores densos y fragmentados, caracterizados por las distintas calidades de luz que proporcionan los huecos y lucernarios.

El estudio de las colecciones ha sido el punto de partida para el diseño del plan museográfico. Dirigido por Béatrice Salmon, ofrece al visitante un recorrido distinto y renovado por los fondos, que incluyen un rico catálogo de arte clásico y moderno, desde Caravaggio a Rodin, y desde Rubens a Picasso, pasando por la Colección Daum de artes decorativas de la reconocida Escuela de Nancy. Su instalación no ha seguido una ordenación cronológica tradicional; ha sido la propia historia del museo, y sus orígenes como institución democrática, la que ha inspirado la disposición de las piezas, y las relaciones de éstas entre sí y con los nuevos espacios...[+]


Obra
Ampliación del Museo de Bellas Artes de Nancy, Francia.

Cliente
Ayuntamiento de Nancy.

Arquitectos
Laurent y Emmanuelle Beaudouin.

Colaboradores
J-L André, E. André, S. Giacomazzi (arquitectos asociados); J.M. Metzger, C. Presle, L. Colin, D. Henriet, A. Purpuri, L. Carrara Cagni, A. Creusot, P. Tarabusi (arquitectos ayudantes).

Consultores 
Marc Mimram.

Fotos
Jean-Marie Monthiers.