Museo Madinat al-Zahra: campo arqueológico, Córdoba
Nieto Sobejano 

Museo Madinat al-Zahra: campo arqueológico, Córdoba

Nieto Sobejano 


La imagen romántica de las ruinas, tantas veces rechazada por nostálgica y anacrónica, es capaz de transmitir, sin embargo, no sólo el poder evocador de las construcciones del pasado sino también la fuerza destructora del tiempo y la naturaleza. En esta dualidad —construcción, destrucción— reside, tal vez, la fascinación que poseen los restos arqueológicos no sólo como memoria de edificios desaparecidos, sino como desencadenante de la reconstrucción mental de otras arquitecturas futuras. Al menos así lo entendimos nosotros cuando recorrimos, por primera vez, el recinto arqueológico de Madinat al-Zahra. Los restos de la antigua ciudad hispano-musulmana sugerían un diálogo con quienes mil años antes la habían concebido y construido, pero también con el paciente trabajo de los arqueólogos y con el paisaje agrícola circundante, al que la geometría de las ruinas otorgaba una inesperada cualidad abstracta.

Como si se tratara de una excavación arqueológica, el proyecto descubre la planta de tres construcciones cuyos muros configuran los espacios principales del nuevo edificio: museo, auditorio y taller-almacén.

El terreno del recinto arqueológico destinado al museo provocaba, no obstante, sentimientos encontrados. Por una parte, la añoranza de un pasado remoto aún por descubrir impregnaba el paisaje que se extendía hacia la sierra de Córdoba. Por otra parte, el desordenado avance de las construcciones recientes se cernía inquietante sobre el entorno de lo que un día fue la ciudad palatina. Nuestra primera reacción al llegar al lugar habría de marcar, desde el primer momento, la futura propuesta: no debíamos edificar en aquel paisaje. Ante una extensión de tal amplitud, que aún espera ser excavada, decidimos actuar como lo haría un arqueólogo: no construyendo un nuevo edificio, sino encontrándolo bajo tierra, como si el paso del tiempo lo hubiera ocultado hasta el día de hoy.

Los diferentes usos del programa están articulados en torno a una secuencia de patios y espacios cubiertos —llenos y vacíos—. Un cerramiento perimetral delimita el ámbito de la intervención.


«Establecemos una malla ortogonal bidimensional, un punto de origen y un nivel de altura referenciado. Marcamos las cajas rectangulares a partir de las que iniciar la excavación del terreno y eliminamos capas sucesivas en estratos de espesor regular. La paciente tarea termina produciendo resultados esperanzadores, desvelando la planta de un edificio cuyos muros acaban configurando el museo, el auditorio, los talleres y los almacenes. Entonces consolidamos los muros, fijamos un nivel superior y los cubrimos. Encontramos pavimentos de antiguos patios y corredores: los restauramos, los hacemos protagonistas del nuevo proyecto. Delimitamos finalmente el ámbito de nuestra intervención, construyendo un cerramiento perimetral: un recinto que protegerá los restos encontrados.»

A partir del vestíbulo principal, un amplio patio presidido por un estanque organiza en torno a él, como un claustro, los espacios de uso público: sala de maquetas, librería, cafetería, salón de actos y salas expositivas.

Este texto, extraído de la memoria del concurso, es tal vez el que mejor transmite la idea que lo originó —la metáfora de una excavación— de modo que nuestra labor consistiera en última instancia en desvelar y desenterrar, como aún siguen haciendo los arqueólogos, las arquitecturas ocultas bajo el terreno. De esta forma, el proyecto descubre la planta de un museo subterráneo, que articula sus espacios en torno a una secuencia de llenos y vacíos, áreas cubiertas y patios que guían al visitante en su recorrido. A partir del vestíbulo principal se extiende un amplio patio de planta cuadrada —de color azul por la alberca que lo preside— que, como un claustro, organiza en torno suyo los espacios públicos principales: salón de actos, cafetería, tienda, biblioteca y salas de exposición. Un patio profundo y longitudinal —verde por la vegetación que lo envolverá— articula las zonas de uso privado: administración, talleres de conservación e investigación. Un último patio —de color dorado por el reflejo de los atauriques y otras piezas expuestas— constituye la prolongación al exterior de la áreas expositivas del museo. Las zonas de almacenamiento, concebidas como grandes espacios visitables iluminados cenitalmente, se funden en los recorridos del edificio con las áreas públicas de exposición y difusión. La propia concepción del proyecto lleva implícita un posible futuro crecimiento, pudiéndose agregar nuevos pabellones como si de nuevas excavaciones se tratase.

Los muros hallados se construyen en hormigón blanco visto con encofrado de tabla de madera, y las cubiertas que descansan sobre ellos son delgadas losas; para los solados de los patios se emplea piedra caliza.

El nuevo museo establece casi imperceptiblemente un permanente diálogo con la arquitectura y el paisaje de la antigua medina árabe. La planta de doble cuadrado del museo se hace homotética con la de la ciudad, los jardines evocan la geometría abandonada de una excavación, los muros de hormigón y las cubiertas de acero cortén reflejan en el blanco y el rojo los colores con que originalmente estuvieron estucados los muros de la ciudad califal. La luz, la sombra, la textura, el material, abstraen la riqueza perceptiva que transmiten las ruinas arqueológicas. La arquitectura se torna así en la expresión espacial y formal de su soporte constructivo, en una vinculación tantas veces olvidada hoy en día. Cada vez que visitábamos la obra durante su construcción, los nuevos muros que íbamos levantando nos remitían a aquellos que fueron destruidos y ahora desenterraban los arqueólogos a pocos metros de distancia, en un proceso inverso —construcción, destrucción— que parecía contener toda la razón del proyecto. El museo de Madinat al-Zahra ha aparecido en el paisaje silenciosamente, como si hubiera sido encontrado bajo tierra, del mismo modo que a lo largo de los años continuará ocurriendo con los restos de la antigua ciudad de los califas omeyas. 



Obra Work

Museo Madinat al-Zahra

Cliente Client

Junta de Andalucía, Consejería de Cultura

Arquitectos Architects

Fuensanta Nieto, Enrique Sobejano

Colaboradores Collaborators

Miguel Ubarrechena (arquitecto de proyecto project architect); Carlos Ballesteros, Pedro Quero, Juan Carlos Redondo (equipo team); Fuensanta Nieto, Enrique Sobejano (dirección de obra site supervision); Miguel Mesas Izquierdo (aparejador quantity surveyor); Nieto Sobejano Arquitectos, Juan de Dios Hernández, Jesús Rey (maquetas models)

Consultores Consultants

NB35 (estructura structure); Geasyt (instalaciones mechanical engineering); Nieto Sobejano Arquitectos/Frade Arquitectos (proyecto museográfico museographic project)

Contratista Contractor

Ecasur 10, Ejuca; Empty (museografía, museography)

Fotos Photos

Fernando Alda; Roland Halbe; Rafael Tena 

Fechas Dates

1999 (concurso competition)

2001 (proyecto project)

2005-2009 (construcción construction)