Museo Liner, Appenzell

Gigon Guyer Architects 


La localidad de Appenzell decidió dedicar un museo a dos de sus hijos más ilustres, los artistas Carl August Liner y su hijo Carl Walter Liner. El terreno adquirido para construir el edificio está junto a unas vías del ferrocarril; es el típico solar carente de atractivo de las áreas marginales de muchas de las pequeñas ciudades de la suiza alemana, con su arbitraria combinación de granjas y prados, parcelas para aparcamientos y pequeñas fábricas.

El museo, de proporciones alargadas, se divide en seis secciones de cubierta inclinada, cinco de las cuales comprenden las salas dedicadas a las pinturas de los Liner. El área de exposiciones se divide en diez salas, de superficies que oscilan entre los 30 y los 50 metros cuadrados. La variedad de tamaño de las mismas se genera por una pared asimétrica que recorre longitudinalmente el edificio, de planta rectangular, dividiéndolo en espacios de 5,75 metros de ancho por un lado y de 7,20 metros por otro. Este muro, que encierra todas las instalaciones del museo, queda cruzado por diferentes ejes en sentido decreciente de sur a norte, dando lugar a los distintos espacios expositivos.

Las dimensiones de estos espacios son adecuadas para poder exhibir tanto las obras de los Liner como las de arte contemporáneo que completarán la programación del museo; se han diseñado además como ámbitos tranquilos y sencillos, que no pretenden competir con el trabajo de los artistas: un blanco luminoso para paredes y techos, y hormigón para los suelos. Todo ello contribuye a crear un ambiente que favorece la concentración en las obras. Las puertas de paso de una a otra sala están dispuestas de tal forma que permiten recorridos lineales y serpenteantes. Dos grandes ventanales situados en los extremos del edificio, a los que hay que añadir los huecos en las fachadas este y oeste, relacionan el museo con el exterior y facilitan la orientación del visitante. Una pequeña biblioteca y una sala para proyecciones de diapositivas y vídeo están situadas en la parte norte del edificio, que corresponde a la mitad de la visita al mismo. El vestíbulo que alberga el mostrador para venta de entradas es el primero y más generoso espacio del museo, por lo que también funciona como sala para reuniones y conferencias.

Escamas plateadas
Las salas se iluminan cenitalmente a partir de una cubierta en diente de sierra con sección variable, en la que destacan los gruesos marcos de los lucernarios abiertos a la luz del norte. Se define así la forma escarpada de la coronación del edificio, con la que se evoca la arquitectura doméstica con tejados a dos aguas característica de Appenzell, pero también las construcciones industriales y agrícolas. Tanto la cubierta como las fachadas se han revestido con chapas de acero cromado pulidas con chorro de arena. Por un lado, el solape de las chapas y su color gris plateado, con un brillo tenue, muestra un parecido distante con el revestimiento de tablillas de la arquitectura tradicional de la región; por otro, su superficie registra los cambios de la luz y el clima, produciendo efectos múltiples sobre el volumen construido, que aparece en ocasiones confundido con las nubes y otras nítidamente recortado sobre ellas, como si fuera una pequeña cadena montañosa del macizo de los Alpes...
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Obra
Museo Liner, Appenzell, Suiza.

Cliente
Stiftung Museum Carl Liner Vater und Sohn.

Arquitectos
Annette Gigon y Mike Guyer.

Colaboradores
Urs Birchmeier y Daniel Kaufmann.

Fotos
Heinrich Helfenstein, Ignacio Martínez.