Escuela de Música, Hamburgo
Miralles Tagliabue EMBT 

Escuela de Música, Hamburgo

Miralles Tagliabue EMBT 


La Escuela de Música de Hamburgo, en cuyas aulas reciben formación musical jóvenes entre 4 y 25 años, es el resultado de un concurso ganado en enero de 1998. El edificio, que comenzó a construirse en febrero de 1999, tiene 1.600 metros cuadrados y alberga un programa convencional con auditorio, aulas de teoría y práctica, áreas administrativas y una cafetería de uso público. 

El poeta alemán Reiner Maria Rilke dijo una vez que los árboles le parecían magníficos, pero que más sobrecogedor aún le resultaba el vacío, sublime y patético, que quedaba entre ellos. En lugar de recurrir al gastado argumento de la ‘música congelada’ que suele inspirar este tipo de proyectos, son los bellísimos árboles adultos del entorno los que definen el carácter y la forma de la escuela. Los propios edificios contribuyen a enmarcar las variadas agrupaciones arbóreas. Entre la edificación y el paisaje se ha llegado a un equilibrio, que ha moldeado un ambiente ligero y suave. El paisaje cambia a ambos lados de la envolvente del edificio: en el interior hay otro ‘bosque’ de elementos estructurales de acero, que imprimen un carácter dinámico a espacios que de otra forma podrían haber resultado en un conjunto formulario de barreras acústicas y clichés funcionales. Como uno de los puntos de partida fue la voluntad de establecer lazos amistosos con las construcciones vecinas, de esta explotación maximalista del lugar surge la geometría sinuosa del edificio, que se entrevera con la masa arbórea, respetando su volumetría e incluso sirviendo de pauta para futuras plantaciones. El exclusivo barrio de Pöseldorf y el parque que rodea el lago Alsterson también referencias fundamentales del lugar. 

Conexión exterior
Otra de las cosas más atrayentes del proyecto es que muy cerca de allí hay una iglesia, no muy grande pero sí muy alta, a la que luego alguien, con mucho sentido, acercó otro edificio, que es de ladrillo y muy bajito. Y se trataba de componer la tercera pieza, para lo que se recurrió a Kahn: «Una escuela es cuando los niños se reúnen alrededor de un árbol.» Un par de árboles proporcionaron la densidad y la materialidad a partir de las que preparar unas condiciones de partida para que la propuesta pudiese funcionar: el edificio tenía que sumarse a la masa vegetal. 

Levantada sobre un solar cerrado en L por otros edificios existentes, sin los que se mostraría incompleta, la escuela se divide en dos partes principales: la que agrupa los espacios públicos y colectivos, con las salas de conferencias y la cafetería, y la de uso exclusivo de los estudiantes y el personal del centro, con las aulas y los despachos administrativos, unidas entre sí por una única entrada casi escondida, pero capaces de funcionar separadamente. A modo de prolongación del exterior, esos espacios más públicos —con el vestíbulo ocupando toda la altura del edificio— se encadenan fluidamente, conectados con la zona docente y administrativa mediante una rampa escalonada que asciende a los pisos superiores como una trompa. La cafetería se abre sobre un parque situado en la zona del patio, y la sala de profesores puede quedar incorporada a este espacio. Las aulas y la administración se han desligado del resto, quedando acústicamente aisladas y siendo funcionalmente independientes. Las clases prácticas se han organizado como un remanso en el bosque. 

Además de ser elementos fundamentales en la caracterización de los espacios, los soportes son un trasunto metálico de los elementos vegetales a partir de los que se configura el edificio, y esa presencia verde se deja sentir en el interior a través del vidrio de las fachadas, que se alterna con la chapa de acero y el ladrillo. La accidentada topografía de la cubierta, la inclinación de los planos de fachada y la pendiente de la marquesina de entrada o la profusión y variedad en la composición de huecos expresan también el carácter lúdico y creativo de la actividad musical. Tanto en el interior como en el exterior, el pavimento en distintas gamas de grises y la aplicación del color dibujan la partitura de una alegre melodía...
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Obra
Escuela de Música, Hamburgo. 

Arquitectos
Enric Miralles y Benedetta Tagliabue. 

Colaboradores
Karl Unglaug, Elena Rocchi, L. Hainz, S. Gosmann, C.A. Ruiz, F. Asunción, M. Eichorn (concurso); NPS + Partner, K. Unglaub, T. Skoetz, N. Jacinto, T. Kapel, O. Schmidt, E. Frances, S. Panis, A. Birr, F. Brancatelli, W. Folk, S. Techen, V. Thake, L. Gestin, M. Hamann (proyecto básico); ECE Projectmanagement (planeamiento); Strabag Hoch-und Ingenieurbau (construcción); Windels Timm Morgen (estructura); Wolfgang Jensen (acústica); Ingenieurbüro (electricidad); Institut für Fassadentechnik (fachadas); Rüppel & Rüppel (paisaje). 

Fotos
Roland Halbe / Artur.