La ocasión para proyectar un nuevo hotel de gran calidad en Córdoba nació de la necesidad de sustituir un viejo hotel de los sesenta, que fue en su día hotel de referencia en la ciudad. Lo notorio de su emplazamiento, muy visible y próximo a la ciudad romana y califal, generó muchas expectativas. La primera propuesta de un edificio singular, dotada de una deseable libertad de proyecto y que incluía la rehabilitación de la entrada en la medina por la Puerta de Almodóvar, se abandonó para dejar paso a un segundo diseño estrictamente posibilista y amarrado a las ordenanzas. Así, un ejercicio de arquitectura libre se convirtió en un ejercicio en la limitación, no menos difícil. El proyecto tuvo que conciliar las oportunidades implícitas con las dificultades explícitas del emplazamiento.

El lugar es magnífico, la ordenanza obtusa. Se mantuvo la idea de un edificio singular y exento al borde de un parque, pero ajustado al detalle a unas normas de barrio compacto. El edificio proyectado quedaría muy expuesto, en una frontera interior de la ciudad, colocado como un hito entre el parque, un ensanche anónimo y la puerta de la muralla que lleva a la Mezquita Catedral, 500 metros más adelante. El lugar, inmejorable para su propósito, permite unas vistas excelentes que aconsejan grandes ventanas.

La ordenanza de ensanche y el programa hotelero de cinco estrellas se han cumplido escrupulosamente en un proyecto de planta compacta de habitaciones, que se dotaron de algo extraordinario en su medio, una pared exterior de vidrio. Pero ni el sol de Córdoba ni la economía de la climatización permitirían este edificio de cristal, que se defiende con una celosía envolvente, a la que se confía la solución de las dificultades climáticas y formales. La continuidad de esa celosía proporciona el modelado del volumen, de modo que el hotel se constituye como una forma autónoma, que prescinde de la escala doméstica de pisos, y cuya presencia es la de un objeto de acero de textura continua, elaborada, de tono cambiante con la hora y el tiempo.

La gran envoltura de acero cortén, troquelada en toda su dimensión con láser, dibuja un gigantesco paisaje de árboles y así ninguna habitación tiene el mismo dibujo de celosía en su fachada. El acero tomará su color definitivo con el tiempo, pero desde el principio la transparencia, los reflejos y sombras de la celosía y la inclinación del sol producen exterior e interiormente un juego cambiante. El duro volumen se ha convertido en un prisma rojizo, de un color similar a las construcciones de la medina, duro como la tapia que envuelve a la Mezquita Catedral y calado como las celosías.

Obra

Hotel AC Córdoba Palacio, Córdoba.

Cliente

Grupo Prasa.

Arquitectos

Alfonso Casares, Antonio Ocaña, Eduardo Casares, Reinaldo Ruiz Yébenes (Aidhos Arquitec); Justo Isasi, Alberto Pieltáin (IP Asociados); José Manuel Martín, Carlos Ruiz de Villegas (C3).

Fotos

Fernando Alda.