Arte y cultura 

Urbanística virtual

Los cuasi monumentos de Mario Botta

Stanislaus von Moos 
30/04/2000


Entre los temas que dominaron las fantasías arquitectónicas del siglo XIX, tres surgieron con particular vigor como evocaciones de la grandeza nacional: los arcos de triunfo, las cúpulas y, en general, los llamados monumentos históricos (ya sea como testimonios conservados o restaurados, o bien como edificios históricos construidos ex novo). Entre las imágenes artísticas del siglo XX parece como si los ‘lugares de la memoria’ (según el concepto de Pierre Nora) se hubiesen volatilizado junto con los contenidos que los habían calificado como tales. Ya no se sabe cómo reconocer un lugar conmemorativo. Un montón de piedras, un cubo de acero o una pizarra con una inscripción rápida a tiza bastan para suscitar emociones de auténtica monumentalidad. Y ello pese a los numerosos intentos (o precisamente a causa de ellos) con que en los años treinta se trató, una vez más, de ligar la conciencia colectiva a las figuras de la identidad nacional extraídas de la historia: las colosales construcciones (afortunadamente nunca realizadas) de Albert Speer para su ‘Alemania’ (léase Berlín), o la Tercera Roma de Mussolini representan sólo los ejemplos más clamorosos. Desde entonces, cualquier ‘cultura conmemorativa’ oficial se enfrenta al problema de evitar las analogías demasiado evidentes con semejantes empresas...
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