La burbuja que no estalla

Dubái, regreso al futuro

Paulo Martins Barata 
30/11/2014


‘Back on the Chain Gang’. Regreso a la cadena de presos: la canción de Chrissie Hynde, de The Pretenders, sería la metáfora perfecta de la esquizofrenia endémica del mercado inmobiliario de Dubái. Todos los años, el emirato convoca ‘Cityscape’, una gran feria inmobiliaria que no he dejado de visitar desde 2007, aunque en los últimos años me viese obligado a abandonarla antes por falta de oportunidades de negocio. El delirio de 2007 está todavía muy vivo en la mente de todos. En aquel año, las colas para comprar apartamentos en los stands de la feria hacían necesario colocar postes con bandas elásticas, como en los aeropuertos; la histeria se percibía en el aire. El desenlace de todo aquello es bien conocido: los ejecutivos abandonando en los aeropuertos sus todoterrenos de lujo aún sin pagar, antes de coger el avión que los devolvería a su país. A ello siguió una tremenda resaca de complejo de culpa colectiva.

Hoy este capítulo está cerrado. Dubái se ha convertido en el Hong Kong de Oriente Medio: el único punto de paso seguro entre Asia y Europa, cubierto por un tercio de las rutas aéreas del planeta. Dubái es tan materialista y accesible como Nueva York y, a diferencia de otros países de la región, tiene una economía bastante transparente y abierta. Cuando digo esto me refiero a su economía real, la de la oferta y la demanda, no la de su banca financiera, que sigue siendo tan opaca como la de Luxemburgo o Panamá.

La bestia que es el Dubái de 2014 resulta más voraz que nunca, tras recibir gran parte del capital que ha huido tras la Primavera Árabe, además del de Rusia y los países africanos. ¿El perfil de los compradores? Indios, paquistanís y rusos. EMAAR, la empresa fundada por el emir para desarrollar el downtown (la Burj Khalifa y el Dubai Mall), dispone de 10 millones de metros cuadrados distribuidos en rascacielos que van de 70 a 100 plantas y con precios que llegan a los 10.000 dólares por metros cuadrado, mientras que las villas pueden llegar a los 20 millones. Jones Lang LaSalle prevé un aumento constante de los precios hasta que se celebre la Expo de 2020, momento en el cual parece que habrá otro crash, aunque menor que el de 2008.

La comparación entre los proyectos de 2007 y los actuales sugiere que el mercado ha madurado. Los promotores estrafalarios, con sus coloristas excentricidades, fueron barridos por la crisis. La oferta se concentra ahora en un puñado de empresas. Las torres tienen esquemas rectangulares bien definidos con un 85% de aprovechamiento por planta. Un cierto estilo ‘moderno/contemporáneo’, a falta de mejor término para definirlo, parece haberse adoptado, no tanto por mor de un progreso estético, sino del coste y la velocidad de la construcción. Lamentablemente, el libertinaje ecológico de los campos de golf, las piscinas climatizadas y los lagos artificiales continúa.

Las 220 hectáreas del recinto ferial de la próxima Expo 2020 no suponen más que una pequeña parte de la extensión del Jebel Ali Aerotropolis, la ciudad aeroportuaria más grande del mundo, con cinco pistas de aterrizaje y que se estima que en 2027 tendrá una capacidad de 260 millones de viajeros. El tema de la Expo, ‘Connecting Minds’, es inteligente y abre un vasto campo de oportunidades de diseño: un lugar donde, por ejemplo, uno puede obtener un diagnóstico de la Harvard Medical School, imprimir una pieza de un automóvil o confeccionar una colección de moda.

‘Build them and they will come’. Construid los edificios, que luego vendrán los clientes: la cita parece hecha a medida para Dubái. Accesible en seis horas desde Madrid o Londres, el emirato y su economía crecen a un ritmo que no se veía en Europa desde el final de la ii Guerra Mundial. Es cierto que no se trata de un mercado para todos, pues le falta la sofisticación de Zúrich o la elegancia de París. Sin embargo, creo que el emirato ha madurado y puede llegar a ser un mercado acogedor para la arquitectura europea.


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