Infraestructura y urbanismo 

Pasarelas, entre la visibilidad y la ligereza

Juegos de apariencia

Alejandro Bernabeu  Jorge Bernabeu 
30/10/2017


Christo y Jeanne-Claude, The Floating Piers, Lago Iseo, Italia

Las pasarelas no sirven sólo para cruzar. Hace mucho que dejaron de ser únicamente una estructura que salva un obstáculo. Las pasarelas hoy tienen más de experiencia que de construcción. Proponen una nueva narrativa del lugar, capaz de crear un espacio, reinterpretar un tipo estructural, servir de referencia territorial o convertirse en un elemento simbólico.

La pasarela, como elemento resistente, es distinta al puente. Está sometida a sobrecargas de uso menores que el puente de carretera y mucho menores que el ferroviario. Sus parámetros de trazado son más flexibles, permiten alzados peraltados, variables o duplicados; plantas curvas, quebradas o sinuosas; accesos que se bifurcan, se extienden o se ramifican; barandillas que no deben soportar el impacto de vehículos; estribos que no precisan la contención de esfuerzos de frenado. Sus dimensiones suelen ser más modestas y su ámbito más reducido que otras obras públicas, por lo que su inversión suele ser estar más acotada.Permiten, por tanto, jugar con mayor libertad de proyecto, tanto en sus aspectos formales y materiales como en su experimentación estructural.

En las pasarelas conviven dos escalas, la humana y la territorial. La del peatón que la recorre y la del lugar en la que se sitúa. La forma construida relaciona ambas escalas, las reúne en un objeto único para ser usado desde dentro y percibido desde fuera, una propuesta de paisaje site-specific que en ocasiones coquetea con el Land Art. Las pasarelas evidencian, más aún que los puentes, la adscripción al lugar como elemento esencial en su concepción. Y es en su relación con el sitio donde se buscan principalmente los argumentos de concepción de sus propuestas.

Desde los años 1990, la arquitectura viene incorporándose al ámbito de las pasarelas, siempre en colaboración con ingenieros estructurales y, en muchos casos, asumiendo el liderazgo del proyecto. Algunos estudios, incluso, se especializan en este tipo de proyectos, entre ellos Wilkinson Eyre Architects —que tienen entre sus realizaciones obras tan exitosas y mediáticas como el arco basculante de Gateshead o la fotogénica pasarela de la Royal Ballet School de Londres— o Knight Architects, con su efectista pasarela en Merchant Square, en Londres, que se abre en abanico.

Wilkinson Eyre, Gateshead Millennium Bridge, United Kingdom © Wilkinson Eyre

Las obras de Santiago Calatrava son un referente ineludible de las últimas décadas. A pesar del repudio que sigue a la seducción, su capacidad creativa y mediática influye decisivamente en la definición de la pasarela en el mundo global. Calatrava representa mejor que nadie la posibilidad de construcción de formas arbitrarias y la soltura para inclinar, torcer o quebrar. Su influencia va más allá de abrir el campo de acción, inaugura también la firma de autor como valor de venta. A ello se suman muchos arquitectos estrella, que quieren tener sus propias pasarelas construidas, desde Zaha Hadid o Norman Foster hasta Dominique Perrault o Rafael Moneo.

La propuesta de autor se extiende más allá de la arquitectura y no pocos artistas plantean también pasarelas. Entre ellas, el artefacto estancial de Murinsel, en la ciudad austriaca de Graz, concebida por Vito Acconci sobre el río Mur, o el Cirkelbroen Bridge de Olafur Eliasson en Copenhague: plataformas circulares conectadas rememorando los mástiles veleros amarrados. No es la primera pasarela de Olafur Eliasson: sobre la cubierta del Aarhus Art Museum, también en Dinamarca, se sitúa la pasarela circular Rainbow Panorama, un recorrido para la observación y a la vez un faro urbano que sitúa al museo en la ciudad.

Parámetros de diseño

Las pasarelas hoy son más espíritu y experiencia que cuerpo y función.Pero todo análisis de pasarelas pasa necesariamente por su estructura resistente. En busca de una categorización crítica, el ingeniero Miguel Aguiló (La ligereza de las pasarelas españolas, ACS, 2009) evalúa varios parámetros, entre ellos, las condiciones del sitio, las diferencias de nivel, el cruce sobre ríos o sobre vías, el desarrollo de los accesos, las relaciones de luz o el uso de rampas frente a escaleras, para concluir como mejor criterio expositivo la clásica distinción en tipos estructurales: arcos, vigas y pasarelas colgantes y atirantadas.

El arco, ese artificio mediante el cual la materia se vence a sí misma, —según advierte la inscripción del puente romano de Alcántara—, está asociado con los esfuerzos de compresión. La pasarela de Töss de Robert Maillart, construida en 1933, es una estructura muy lograda, en la que el alzado se peralta con un lomo de asno que se encuentra con el arco sin rigidez en la clave, una pieza unitaria blanca muy hermosa, con un acertado equilibrio de formas. Algunos de estos recursos son los que explota la reciente pasarela Lucky Knot de Next Architects en China, que utiliza el tipo del arco como motivo para los alzados entrelazados, en los que formas y recorridos coinciden, con secciones resistentes en U y una propuesta monocroma en rojo.

La viga, por su parte, trabaja a flexión. La sección maciza de las vigas de madera tuvo que esperar al hierro forjado y al acero después para convertirse en almas llenas y secciones eficientes en doble T o secciones cajón; el hormigón precisó pretensarse para soportar flexiones sin fisurarse; el hormigón y el acero se combinaron en secciones mixtas eficientes. La viga es un elemento lineal simple con una ley de momentos variable y un control seccional complejo. Los requerimientos estructurales a los que debe hacer frente en el caso de las pasarelas hacen que a menudo se pueda ajustar su canto a la altura de los laterales —barandillas— de la pasarela. Se dispone así una viga a cada lado de la pasarela, configurando una sección transversal en U, que define su tamaño en su visión exterior y protege al peatón en su recorrido a través de la estructura, permitiendo la visión por encima de las vigas. Así se manifiesta en su esencia minimal, por ejemplo, la pasarela sobre la Ribeira da Carpinteira en Covilhã, Portugal, del arquitecto João Luís Carrilho da Graça, una propuesta escenográfica donde el dintel quebrado de su recorrido en planta, las pilas, y la cota a que desarrolla el alzado son las protagonistas.

Carrilho da Graça, Pasarela peatonal, Covilhã, Portugal

Los dinteles en celosía descomponen la flexión que caracteriza a las vigas en elementos sometido a esfuerzos de tracción y compresión. Para salvar la misma luz, las celosías requieren un mayor canto que las vigas, lo que en el caso de las pasarelas hace que a menudo superen la altura correspondiente a la barandilla —que da la escala del peatón— en el interior de la pasarela. En estos casos la celosía se convierte en una pantalla, separando el interior y el exterior de la pasarela, y la visión y relación entre ambos se realiza a través de ella, gracias a la permeabilidad de estos sistemas. Así mismo, el mayor canto de las celosías hace que requieran conectarse entre sí, a fin de garantizar la estabilidad lateral del cordón superior, conformando una celosía espacial, un tubo. Y es este tubo estructural el que peatón atraviesa. Es el caso del Peace Bridge sobre el río Bow en Calgary (Canadá), de Santiago Calatrava, el Weabe bridge en la Universidad de Pennsylvania, de Cecil Balmond, o la Pasarela sobre el Manzanares en Arganzuela, en Madrid Río, de Dominique Perrault con Julio Martínez Calzón.

Dominique Perrault, Pasarela Arganzuela, Madrid

En las estructuras atirantadas o colgadas, la clave es la tracción. Y la tracción, sin problemas de inestabilidad, permite dimensiones mínimas. Las realizaciones de Jörg Schalich, ligeras y sostenibles, condensan lo mejor de la ingeniería alemana y su configuración tipológica de puentes atirantados, y lo proyecta en una reinvención del tipo.

Casi sin estructura

En las estructuras llamadas bandas tesas el propio trazado de la pasarela —una catenaria— resuelve la transmisión de las cargas mediante esfuerzos axiles de tracción soportados por un sistema de cables colgados y por el tablero postesado, que le confiere además la necesaria rigidez lateral. En estos casos se alcanzan dimensiones mínimas en la estructura; dimensiones que son además, al contrario de lo que ocurre en las vigas y celosías, practicamente independientes de la luz que salvan. Las bandas tesas ofrecen así una presencia muy controlada y sutil, a la que el trazado curvo le confiere un efecto más natural y dinámico, tanto en su visión exterior como en la interior del recorrido del peatón. Ejemplo es la pasarela de Suransuns en Suiza, del ingeniero Jürg Conzett, y las realizaciones del ingeniero checo Jiri Strasky, quien ha desarrollado y profundizado enormemente en su planteamiento estructural y analítico.

La forma muy tendida de las catenarias hace, sin embargo, que los esfuerzos horizontales en los estribos laterales sean de gran magnitud, requiriendo importantes elementos de cimentación y anclaje. Resulta significativo en estos casos observar en el alzado de las pasarelas de banda tesa cómo el esfuerzo (estructural, constructivo, económico) se concentra en los estribos y queda oculta al exterior, mientras que la banda tesa —el tablero— es una línea apenas perceptible.

Y hay, finalmente, pasarelas casi sin estructura. Propuestas que son más una idea que un objeto, una sugerencia poética, un relato de construcción del paisaje. Muy difundido en su momento, el puente de Moisés, de RO&AD Architecten, es un paso peatonal entre las aguas del foso que rodea la fortaleza de Roovere en Holanda. La pasarela serpenteante en los jardines Kew de Londres de John Pawson se mete también en el paisaje. La ilusión de flotar y de caminar sobre el agua.

Quizás sea esa experiencia la que mejor muestra lo que quieren ser hoy las pasarelas: una nueva narrativa del paisaje. Especialmente significativa es en este sentido la última y potente intervención temporal de Christo, los muelles flotantes en el lago Eliseo en Italia, abierta al público durante el verano del 2016. Caminar sobre el agua está de moda. Recientemente se han inaugurado en China dos pasarelas flotantes fascinantes: una de 500 metros de longitud siguiendo el curso de un río en Xuan, provincia de Hubei; y otra de más de 5 kilómetros sobre las aguas del río Hongshui en Guizhou.

La gravedad ya no es la fuerza determinante en las pasarelas. Tira más experimentar lo aparente.


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